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lunes, 4 de junio de 2018

[LISTLESS] Han Solo: Una Historia no tan mala pero irrelevante de Star Wars



¡OJO, CUIDAO! ALERTA DE DESTRIPES (MAL LLAMADOS SPOILERS)



El otro día ví Vengadores: Infinity War, el otro pelotazo de Disney Todopoderoso, la compañía que se ha fabricado su propia industria del cine. Marvel, ese entramado de películas y series que cimenta el universo cinematográfico más sobredimensionado de la historia. Lejos de agotarse, parece reforzar su existencia con cada capítulo que se entrega de esta telenovela súper-heroica que mueve miles de millones de dólares. Todo ello con distintos directores y (presumiblemente), distintos enfoques. Muchos se preguntan si Disney está fracasando en su intento de convertir a Star Wars en lo mismo; quizás haya que formular una pregunta más correcta; ¿se puede explotar el universo de Star Wars del mismo modo que al universo de Marvel?

Desde mi punto de vista, esta pregunta tiene una clara respuesta. El matiz está en la naturaleza de los orígenes de cada franquicia. La diversidad que ofrece el formato cómic a las historias que en él se cuentan, hace que se alejen de cualquier visión canónica unilateral. Quiero decir, el cómic ha explorado cien Spidermans diferentes, todos con un espíritu en común, pero con cien desarrollos diferentes en los que sus decisiones le dotan de una personalidad con muchos matices distintos. Sus fans los valoran y eligen a su favorito, su historia de Spiderman favorita, otorgándoles una tolerancia muy amplia a verle en un escenario u otro. Pero, ¿qué pasa con Star Wars? Pues que para muchos de sus fans, Han Solo no hay más que uno y que no se lo toquen.

Obviamente, ningún fan de Spiderman entendería o vería con buenos ojos, que el amigo y vecino “hombre-araña” se dedicara de repente a reventar gatitos con su superfuerza arácnida para luego devorarlos crudos. Aunque cosas así de locas pueden haberse experimentado en el cómic con el afán de relanzar a tal o cual personaje, hay ciertas cosas que siempre se acaban rechazando, porque atentan directamente contra la esencia del personaje. En el caso de Star Wars, todo lo preconcebido es cien veces más susceptible de herir sensibilidades, cien veces más intocable y cien veces más mitificado. Si Luke Skywalker guiña un ojo de una determinada manera, habrá un cisma de fanáticos radicales que denunciará al mundo que han destruido al personaje (o mejor dicho, a su concepción de él). Disney tendría que haber aprendido que el canon original de Star Wars (lo que han rebautizado como “Legends”), no va a poder usarse como el baúl de los recuerdos de Marvel, para rescatar elementos “poderosos” a su antojo y colocarlos aquí o allá. Eso puede funcionar con Vengadores, por ejemplo, metiendo un cameo del pato Howard o haciendo que dos superhéroes se enamoren aunque esa relación nunca haya tenido lugar en las viñetas. Porque en el cómic una nueva serie puede romper con todo lo establecido y reescribirlo todo. Por tanto no habrá tantos que puedan alarmarse porque Nebula sea la “nieta” de Thanos en lugar de su “hija” o que en la historia de este “Guantelete del Universo” no aparezcan Adam Warlock o Silver Surfer.

Pero al margen de cómo abordar las historias, los personajes y el contexto que los une, hay que atender a la películas como obras audiovisuales que son. Es bastante obvio que algo bueno tiene que haber detrás del éxito extremo de la franquicia Marvel. Con diecinueve películas estrenadas y diez series de televisión, por estadística tiene que haber alguna que tenga un resultado notable como obra del séptimo arte, al margen del espectáculo y los fuegos de artificio. Y así es, de hecho no son pocas las que han recibido algún que otro aplauso por parte de la crítica especializada. Pero si hay un común denominador en casi todas ellas, al margen de la buena impresión del público generalista, es lograr producciones con una ejecución impoluta y que suelen funcionar en el arte de entretener, desgarrando, por el camino, ciertas emociones y afinidad.

Como decía, el otro día ví Avengers: Infinity War, y me descubrí a mí mismo emocionándome con uno de los clímax de la película en la que cierto superhéroe reaparece de forma épica, cambiando el curso de los acontecimientos. ¿Cómo se consiguen esos momentos? Tras siglo y medio de cine, las fórmulas parecen estar agotadas y hoy en día todo tiende a repetir los clichés que mejor han funcionado en el cine reciente, aunque no siempre se tiene la visión adecuada para ejecutar dichos clichés. En el lenguaje cinematográfico de hoy, creo que es el “timing” uno de los elementos que marca el compás de las emociones, ya sea en lo cómico como en lo emocional. El tiempo dedicado a desarrollar un personaje, un vínculo o una escena; los segundos necesarios en un diálogo para que funcione un chiste o la química entre dos personajes… Todo eso es vital, y hay un lenguaje y unas estructuras de guión bien definidos para transmitirlo de forma generalista. Con gancho y efecto.

Mi extracto sobre Han Solo: Una Historia de Star Wars, es que, a pesar de contar con una acción que entretiene en un contexto muy bien hilado, el “timing”, la estructura general de la película y la forma de enfocar las escenas más emblemáticas, fallan o no funcionan.

Más adelante abordaré con detalle todos aquellos elementos positivos, así como las deficiencias, desde un análisis de lo que es propiamente Star Wars y una mirada hacia adelante sobre a dónde puede ir el futuro de los spin-offs. Pero es en lo meramente cinematográfico donde se encuentran los puntos flacos y creo que es evidente que los problemas que ha habido con esta producción han calado en el producto final. Mi experiencia subjetiva es la indiferencia: en principio no hay nada que me moleste o que me saque radicalmente de la película, pero por el otro, me ha sido imposible crear un vínculo emocional equiparable al que una semana antes me había transmitido la última entrega de Vengadores (consciente de que la escala no es la misma).


“Solo: A Star Wars Story” no es una mala película. De hecho, el resultado final no es el despropósito y el desastre que muchas fuentes llevan meses anunciando desde hace meses. Es un western en toda regla. De hecho si te olvidas del contexto de Star Wars, y te dejas inundar por los elementos de las películas del oeste, puedes sacar una experiencia muy disfrutable. Además, parece haberse pensando mucho en los fans, algo quizás, totalmente opuesto a lo que se hizo con Los Últimos Jedi. Pero, aunque suene a cliché: carece de alma. Carece por completo de épica y nunca tuvo aspiraciones de tenerla. Es otro producto más de esta nueva serie de películas de Star Wars, otro engranaje de la maquinaria de hacer dinero, que viene a contarnos lo que ya sabíamos sin arriesgar absolutamente en nada. Estás viendo a Han Solo, y se ha respetado su mitología heredada del Universo Expandido, pero la forma en la que se van sucediendo sus grandes hitos carecen de emoción y de cualquier trama que aluda a lo legendario, a lo heroico. Sin mencionar que todo lo que ocurre es prácticamente sabido de antemano, con lo cual, es extremadamente previsible y no aporta ninguna sorpresa. Sufre además, posiblemente, de la misma incapacidad que tuvo Rogue One para construir correctamente a los personajes (quizá por falta de tiempo para lograr una conexión de empatía); con la diferencia de que Rogue One es una historia sobre un suceso galáctico muy relevante, y Han Solo es una historia sobre un personaje (muy querido) y los sucesos relevantes que le definen, con lo que si falla esa conexión emocional, la película se acaba absorbiendo llanamente sin pena ni gloria.

No quisiera dejar de alertar que Disney (y, qué demonios, cualquier gran compañía de Hollywood) están destruyendo esa conexión emocional con la saga (cualquier saga explotable) hasta el punto de que muchos fans acudimos ya a las salas sin expectativas. Se hace con cualquier icono cinematográfico de los 80 (no quepa duda que tarde o temprano veremos un nuevo Marty McFly), se sobreexplota lo vigente (Harry Potter, Juego de Tronos, Marvel...) y no tardarán en volver a abrir el melón de Tolkien. La realidad es que la saturación de películas de Star Wars se hace más patente cuando cuentas una historia apática como esta. Nadie se esperaba que Han Solo aportara algo realmente interesante, y ahora se confirma que Han Solo no aporta absolutamente nada, salvo pequeños añadidos inconsistentes. Sé que puede parecer contradictorio que diga que no pueden salirse del esquema preestablecido para el personaje y venir ahora a quejarme con que no innovan. Creo sinceramente que pueden hacerse ambas cosas, puedes apoyarte en el grueso esencial de la historia de Han Solo, contando una aventura novedosa que profundice más en terrenos desconocidos y matices de un personaje que tiene muchos claroscuros (sobretodo el del Episodio IV). Sobretodo aburre la forma de contarlo. Apatía es la palabra que se me ocurre a meter con calzador al final la segunda partida de sabacc en la que Han gana el Halcón. Muéstrame el sabacc, haz una partida que tenga algo de grandeza, esmérate un poquito más en el guión (lo siento, Kasdan no puedo aprobarlo). Apostar sobre seguro es la peor apuesta que están realizando los ejecutivos de Disney, y las cifras lo demostrarán.

Luego están los clichés y las ideas preconcebidas de muchos “fans”, que ya habían decidido hace meses que esta película no vale nada. Por un lado, me sorprendo viendo a muchísima gente equiparando la recaudación de la película con su calidad, haciendo bandera de una manifiesta ignorancia y tozudez. En su primer fin de semana, “Solo” ha sido la película de Star Wars que menos dinero ha recaudado. Parece obvio. Disney se obcecó en estrenar el 25 de mayo y, al igual que en una competición deportiva, cuando el equipo grande se hace previsible, el resto de equipos mueve ficha para derribarlo con estrategia pura y dura. Muy poco tiempo desde el Episodio VIII, muy poco tiempo desde “Infinity War”, una semana antes te cuelan el estreno de la esperada “Deadpool 2”, y dos semanas después muchos esperarán a “Jurassic World 2”. Y en verano, mucha gente se subirá al carro de “Los Increíbles 2”. Pésima estrategia de marketing y unos comités ejecutivos que han dado por supuesto que Star Wars funciona bien siempre. Esto puede afectar, sin duda al futuro de los spin-offs, como hablaré al final de esta entrada.

De acuerdo, Han Solo tiene pinta de estrellarse en taquilla por múltiples factores. Muy bien, ¿y qué? ¿En qué afecta ese dato a tu impresión de la película? ¿Eso te impide valorarla objetivamente? ¿Eres fan de Star Wars o del mainstream? Creo que para espetar chorradas e impresiones vagas sobre Star Wars, hay que tener un mínimo conocimiento sobre Star Wars, pero también sobre cine (y ojo que los pelotazos supertaquilleros de las últimas dos décadas no valen para eso). Parece que vengo aquí a despotricar de esos post-millenials que detestan la trilogía original porque “se ve demasiado vieja”, pero lo único que animo es a asentar criterio en las cabezas. Hay demasiado pseudo-fan criado con las precuelas, que no es capaz de ver más allá de una espada láser.

Por el otro lado está el factor Alden Ehrenreich. Muchísima gente sigue ofuscada con la dualidad Han Solo/Harrison Ford y afirmaban, antes incluso de ver la película, que era imposible que la película funcionara porque “ese no es Han Solo”. Para la desgracia de estos, lo que titula esta película es precisamente lo que nos dan: a Han Solo. Bien es cierto que Ehrenreich no ha hecho una demostración interpretativa sobresaliente en esta película, pero nadie puede negar que todo lo visto en pantalla es por y para el personaje de Han Solo. De hecho está todo tan mascado y carente de elegancia, que se distinguen claramente los pilares fundamentales que definen al Han Solo de 1977, ese cínico fanfarrón de gatillo fácil y actitud despreocupada que trata de ocultar a una persona de buen corazón (ese otro Han Solo que veremos en El Retorno del Jedi y mágicamente veremos que ha vuelto a desaparecer el El Despertar de la Fuerza: “soy un canalla porque el mundo me ha hecho así”, “no confío en nadie salvo en este felpudo con patas que tiene una deuda de vida conmigo”, “con esta actitud, nadie me la juega”, “disparo primero” y “reniego de ser un héroe, pero en el fondo lo anhelo”. Y toda esta personalidad la forja durante casi todos los hechos que se narran de él en la trilogía original: Han nace en Corellia, Han pudo haber estado unido al Imperio, Han conoce a Chewie, Chewie se une a él de por vida, Han y Chewie se meten al contrabando, Han conoce a Lando (un charlatán, un timador, un sinvergüenza), ergo Han conoce al Halcón Milenario, Han le gana el Halcón a Lando en una partida de sabacc, Han hace el corredor de Kessel en 12 parsecs... Al actor se le nota el esfuerzo, se le nota el énfasis por imitar los gestos de Ford y se le nota que con un guión más redondo podría haber llegado a brillar. Creo que nadie puede (o debe) ensañarse con él por este resultado final tan descafeinado aunque, insisto: correcto.

En resumen: el querer abarcar todo lo que sabemos del personaje, no sólo en una película, sino en tan sólo unos días de su vida, desvirtúa ligeramente a la leyenda. Resulta poco verosímil y convierte al carismático contrabandista en un joven con una personalidad muy limitada. Aunque bueno, esto es lo de siempre: el cine no puede tener la profundidad de la palabra escrita porque no hay tiempo y “bla-bla-bla”. Pero con todo, creo que se podría haber construido el personaje con más desenvoltura y sin forzarlo todo. Vuelvo a lo mismo, el problema está en el “timing”, en la falta de dinamismo para abordar ciertos clichés a costa de acortar el desarrollo de los personajes principales.


Compartida la impresión general, paso a desgranar cada una de las particularidades que nos muestra la cinta. A continuación, mi análisis milimétrico de la película y todo lo que abarca:

sábado, 30 de diciembre de 2017

[HATE] Episodio VIII: Los Últimos Fans


Allá vamos otra vez. Otra más. Van nueve. Quedan… Muchas... Quizás demasiadas. En varios momentos me he sentido como el único fan al que un largometraje de Star Wars al año le parecía peligrosamente excesivo. En estos momentos creo que puedo decir que el peligro es real. El refrán tiene más validez que nunca: lo poco gusta y lo mucho cansa. Aunque imagino que el cansancio generalizado no llegará hasta 2021. Por otro lado, la declaración de intenciones de Disney es clara: "dejad paso a las nuevas generaciones". Lo que no dicen es "metérsela doblada, que estos se lo tragan todo".

Había cambiado. Lo juro. Me prometí no crearme falsas expectativas. Cambié radicalmente mi tónica de preparación para el evento anual. Este año he pasado por alto toda clase de noticias, rumores, diseños de producción y spots. A pesar de ir con un 0% de hype en busca de la sorpresa y la emoción, Los Últimos Jedi me ha dejado completamente frío. Ha sido tan inesperado como desalentador. Ni amor, ni odio. Un visionado carente por completo de emociones.



Donde la primera media hora de El Despertar de la Fuerza y la última de Rogue One me hicieron vibrar, Los Últimos Jedi no ha conseguido transmitirme nada más allá de la incredulidad con los próximamente muy recurrentes “giros inesperados”. Sin embargo, voy a decir algo poco habitual en una crítica de baja estofa como la mía: la culpa es mía y sólo mía. Creía que no, pero mi situación personal y mi bajo estado anímico han influido negativamente en el disfrute de esta cosa que siempre me ha alegrado la vida, que es Star Wars. Es desolador, pero ahora me doy cuenta de que llevo meses sin disfrutar de una película, serie o libro. No tengo ningún problema en decir que Star Wars es una parte importante de mi vida. Ha rellenado huecos importantes con ilusión, sonrisas e inspiración, como mi principal evasión de la realidad. Por eso me está siendo tan duro asumir que una nueva entrega de la saga me haya resultado indiferente, y espero que la segunda sesión cambie mi parecer. Pero insisto, estoy claramente condicionado por mis circunstancias, por lo que no me atrevo a hablar de una mala película ni a desmerecer el trabajo de Rian Johnson.


AVISO DE SPOILERS: No leer hasta haber visto la película


Llegados aquí, no me queda otra que reconocerlo: a día de hoy, la película no me ha gustado, o no me ha gustado lo suficiente. Un 6 en Filmaffinity la coloca a la altura de La Venganza de los Sith y Rogue One, en mi ranking personal de la saga, sólo por encima de El Ataque de los Clones. Y lo digo con todas las consecuencias porque parece ser que, hoy en día, decir esto te acarrea una serie de etiquetas negativas. “Eres un hater, un criticón sin argumentos, un listillo, un prisas…” He leído frases del tipo: “Si no te ha gustado, es que estás equivocado, porque tus argumentos en contra hacen agua enseguida”. “Os ansiais en criticar, pero el tiempo pondrá esta película en su lugar”. “No habéis entendido la película, criticáis sin saber”. Mi pregunta es, ¿desde cuando tiene que venir nadie a decirte que tu opinión personal es errática? ¿Por qué reclaman argumentar las críticas los mismos que no son capaces de argumentar sus valoraciones positivas? Siento joderle a alguien su percepción de la realidad, pero Star Wars no les pertenece. Star Wars ni siquiera pertenece a Disney. Star Wars dejó, incluso, de ser de George Lucas desde el momento en que autorizó a otros autores a escribir sobre ello, y me atrevería a decir desde el mismo momento en que cualquier persona se pusiera a imaginar qué ocurría más allá del planeta Tatooine. Star Wars es de todos y cada uno de los que hemos soñado con sus personajes y mundos, y hemos ido más allá de lo que hemos podido ver, leer y jugar. Por tanto es legítima cada opinión. Y eso es lo más maravilloso de la subjetividad humana, y lo que precisamente hace a Star Wars algo tan grande. Yo no voy a criticar lo que no me ha gustado porque no sea “la película que yo me he montado en la cabeza”, como dice determinado sector, critico lo que, a un juicio más objetivo, discrepa de lo que nos han estado vendiendo (las incoherencias dentro de su propio producto) y critico incongruencias argumentales tan evidentes que alguien como yo, un completo ignorante del guión cinematográfico, puede detectar. Hablo de determinados aspectos fallidos en cuanto a la coherencia y la cohesión de este universo, algunos heredados del Episodio VII y otros nuevos en cuanto a los escenarios elegidos para desarrollar la trama. En definitiva, trato de opinar con toda la objetividad posible.

Quiero y deseo disfrutar del Episodio VIII la próxima vez que la vea. Confío en ello, porque a día de hoy me desdigo de muchas cosas que he comentado sobre las anteriores películas, y descubro mi propia flexibilidad crítica. Hoy, por ejemplo, la banda sonora de Rogue One no me resulta ni mucho menos pésima, como me pareció inicialmente (aunque la fanfarria principal me sigue rechinando como las persianas de mi vecino). Incluso he llegado a perdonar que Han Solo salga del hiperespacio a pulso para evadir un escudo planetario (eso sí que era, lo reconozco, quisquilloso de cojones). Por eso, igual que acepto que alguien diga, en su opinión personal, que Los Últimos Jedi está por encima de El Imperio Contraataca, pido un poco de entendimiento a los que defienden la película. Si queréis leer estas palabras, os invito a la auto-crítica (“analizad vuestros sentimientos, sabéis que es verdad”).

Así que, aunque pueda excederme en algunas palabras que más adelante pueda rehusar, y bajo el compromiso de no analizar a los porgs y a las monjas jedi, procedo con mi análisis de la criatura fílmica.


Lo positivo / el positiu:

  • Batallas espaciales y un CGI de gran calidad
Quizás el único personaje que no requería más profundidad que la de mostrar sus dotes tras su carta de presentación era Poe Dameron. El bravucón y osado piloto se luce en los primeros compases de la película y protagoniza algunas escenas espaciales maravillosas. El buen look de todos los efectos especiales será un común denominador en toda la película, desde la evacuación de la base de la Resistencia, pasando por la estampida en Canto Bight y la pseudo-batalla de Crait. Pero al fin y al cabo, un buen CGI es lo mínimo que se le puede pedir a una producción como Star Wars, aunque algún porg alce el vuelo con efectos de transición de diapositivas de Powerpoint (ojo cuidado, que no diré nada más de los porgs).


  • Luke Skywalker, maestro jedi
Aquí tengo que ser sincero. Luke era el principal atractivo de la película. Debería serlo para cualquier fan conocedor del Universo Expandido. Mucho se ha especulado sobre por dónde irían los tiros con este Luke. Se había dejado intuir una especie de jedi gris, un estudioso de la Fuerza desligado de cualquier doctrina. Oye, pues aplaudo el resultado, eso sí, en la misma medida en que lamento el poco tiempo que hemos disfrutado de él. Sus escenas son las más interesantes y mejor escritas de la película, junto a las conexiones de Rey y Kylo. Aunque, como nos dejaron ver los tráilers, no sorprende que nos fuéramos a encontrar con un Luke rendido o trastornado, me ha llamado mucho la atención el oírle hablar con desprecio de la Orden Jedi. Su evolución a lo largo de la trama es consecuente, y me un gran final para la leyenda. A pesar de todo, su paso por la trilogía es tremendamente agridulde, ya que al final su trascendencia es prácticamente nula. Es triste que pase su final y su redención exiliado en una isla. Te quedas con la espina de no poder verle en su apogeo, de ver al gran maestro jedi que se hizo a sí mismo, en todo su esplendor. Pero aquí radica el momento más emocional de la película. Aceptar que todo lo que le quedaba por hacer era ceder el legado y hacerse uno con la Fuerza en un atardecer.

Los grandes momentos de la película son, a mi parecer, sus reencuentros con Chewbacca, R2, el Halcón y Leia.

  • Super-Leia
Nunca sabremos qué era lo que el Episodio IX le deparaba a Carrie Fisher. Trata de adivinar cuál iba a ser su papel, por desgracia, carece de sentido. Iba a ser su película. Los Últimos Jedi era la película de Mark Hamill. Y a pesar de ello, he visto brillar a nuestra princesa.

Aunque no lo creais, no, no tengo ningún problema con la escena controvertida en la que Leia se desplaza por el espacio a lo Supergirl. Y es que tenía muchas ganas de verla usar la Fuerza. Su peso en esta película es bastante grande, y ese reencuentro con Luke…

En fin, un sentimiento puramente agridulce, porque todo lo que se potencia de Leia aquí no verá una evolución en el cierre de la trilogía. Hasta siempre, princesa.


  • Introducción del personaje de Rose para dar sentido al de Finn
Aunque puede ser interpretado como crítica, ya que la ausencia de carisma de Finn les había dejado en punto muerto sobre cómo reconducir al personaje en el VIII, me ha parecido inteligente convertirle en el complemento del verdadero personaje interesante aquí, que es Rose. Obviamente Finn, un personaje bastante vacío como para actuar por sí mismo, se quedaba sin función, al no poder volver a interactuar con Rey inmediatamente ni disponer de Han Solo para apoyarse en él. Al margen de la trama sin sentido en la que se ven metidos, Rose consigue que todo funcione mejor en el casino y posteriormente. Sin ella, habría sido difícilmente digerible. Un acierto para mí, tanto la actriz, como su personaje, en representación del idealismo de la Resistencia.


  • Canto Bight y el concepto de una élite ajena a los conflictos bélicos
Uno de los conceptos nuevos que nos abre la película es el de la reunión en el casino de Canto Bight de una élite galáctica formada por ricos y magnates de la industria armamentística, a los que la destrucción del sistema Hosnian y el alzamiento de la Primera Orden les es completamente ajeno (en todo caso, lucrativo). Considero positivo un acercamiento a una galaxia que no tiene sólo tiene un enfrentamiento entre dos bandos. Al igual que resulta interesante el quebrar esa ingenuidad de los jóvenes protagonistas al descubrir un mundo más allá de su lucha, en el que el bien y el mal adquieren caras diferentes. La atmósfera heterogénea del casino en cuanto a seres y especies también es destacable, aunque sigo opinando que Disney aquí se quiere desmarcar mucho de Lucas en cuanto a que en las películas Disney no vemos a las típicas especies del Star Wars de Lucas ni a las asociaciones entre estas. Aquí todo es nuevo. Nuevas especies por todas partes. Por un lado cumple su objetivo de dejar en el olvido a las precuelas (un producto con el que cargan a desgana en la compañía), y por otro, se ve satisfecha la obsesión por mostrar diversidad racial (y entre especies), que roza lo enfermizo en la casa de Bob Iger. Quiero decir, ¿qué hay de malo en mostrar un grupo de duros o de ithorianos? Porque meterán millones de seres nuevos en estas escenas con la excusa de que la galaxia es muy grande, pero luego la historia la limitamos a tres ubicaciones muy pequeñas. En fin, al menos mereció la pena por el pequeño ludópata borracho que confunde e BB-8 con una tragaperras.





Lo negativo / el negatiu:


  • Los antecedentes requieren necesariamente un salto temporal
Una de las primeras cosas que se confirmó sobre el Episodio VIII, antes incluso del título, es que la segunda parte de la trilogía empezaría exactamente donde nos quedamos en el VII. Esto suponía una ruptura en la estructura temporal de la saga, en la que siempre se sucedía un lapso de meses o años entre cada episodio, permitiendo que las tramas maduraran por sí solas y dejando para las película el conjunto más reseñable de acontecimientos. Saltarse este patrón, seña de identidad de la casa, precisamente en la trama que más lo necesita, hacía augurar numerosas inconsistencias. La primera, la más grande e imperdonable, es que Rey ha carecido por completo de entrenamiento jedi. Acepto que mostrar un entrenamiento al uso (como el que se pudo ver en El Imperio Contraataca o las precuelas), sería repetitivo, por eso era tan importante dejar pasar qué menos que un año. Algo, cualquier cosa, en lo que se pueda apoyar el hecho de que Rey sea el legado de los jedi sin ser un jedi en ningún momento. La única lección que se puede ver en pantalla es la de percibir la Fuerza y el orden que ejerce sobre la vida. Aunque se obviaran clases de esgrima, de levitación, de meditación, toda la trama principal es la persecución de la flota de la Primera Orden sobre los restos de la Resistencia. ¿Qué son? ¿Unos días? ¿Una semana? Esto no trata de cómo la gente se imaginaba que sería la historia, hablamos de uno de los principios fundamentales de este universo y perfectamente canónico, que es el hecho de que un entrenamiento jedi básico requiere mucho tiempo. Y el entrenamiento completo, años. Sí, Luke también contó con un entrenamiento directo muy reducido, pero tuvo años de estudio, aprendizaje y contemplación. No creo ser puntilloso con este aspecto, es demasiado evidente como para obviarlo. El que no quiere verlo es porque se ciega deliberadamente.

También habría sido interesante darle un tiempo al resto de personajes. Un Poe Dameron agotado por la pérdida de compañeros y de la constante huida, mientras la Resistencia no encuentra apoyos contundentes con los que hacer frente a la Primera Orden. Un Finn que se recupera de sus heridas, mientras un sector de los rebeldes le desprecia por haber sido soldado de asalto (en fin, algún conflicto real para el personaje).

En resumen, la decisión de seguir la línea temporal de forma inmediata limita muchísimo las posibilidades de la película. Con eso ya contaba desde hace tiempo. Sin embargo, tenía la esperanza de que pudieran enfocarlo con creatividad o con un guión trabajado. Todo ha sido llevado por la vía fácil, volviendo a los fantasmas del Episodio VII: falta de coherencia y de contexto (como sigo a continuación).



  • Escalas reducidas, tramas pobres y descontextualización como bandera
Igual que hizo Abrams en El Despertar de la Fuerza, el Episodio VIII se cierra en banda a la galaxia, y reducen la escala de un conflicto de grandes proporciones a una persecución de cuatro naves. Empezar con los cuatros gatos de la Resistencia te condiciona a ello. Lo asumo. De hecho, se transmite un sentimiento de desesperación bastante logrado. Pero… ¿Eso es todo con lo que cuenta la Primera Orden? ¿Cómo es que no tienen suficientes cazas y bombarderos como para atacar a las naves de la Resistencia que huyen? ¿Se asume que el resto de su flota está tomando el control de los sistemas centrales? ¿En serio que la prioridad de Snoke era perseguir personalmente a los pocos supervivientes de la Resistencia para darles el golpe de gracia? ¿No sería más lógico que acudiera a tomar el control de la galaxia, por ejemplo conquistando Coruscant, Corellia, Chandrila o Kuat? Como nada de esto es así, podrían ahorrarse las grandilocuentes palabras de los créditos iniciales, porque la película las ridiculiza. Las dimensiones del conflicto son irrisorias.

Luego están los problemas de comunicación que tienen en la Resistencia. A pesar de tener unos bombarderos que son capaces de dejar caer sus cargas explosivas sin gravedad, deben de disponer de naves muy anticuadas para necesitar de una base planetaria para mandar un mensaje de SOS. Cualquier crucero de las guerras clon podía comunicarse con el otro rincón de la galaxia en cuestión de segundos, pero la única salvación de la Resistencia es establecerse en una base con comunicaciones para pedir ayuda a sus “aliados del borde exterior”. Asumamos que sus antenas han sido dañadas. ¿Qué tal si en lugar de mandar a Finn y a Rose a una misión chorra en un casino, les mandas a buscar ayuda? Incluso podrías enviar a varias naves pequeñas, para confundir al enemigo y tener más posibilidades de éxito.

Vamos a ver, entiendo la intencionalidad de la trama. Muy bien, deben llegar a la conclusión de que, por el momento, están solos, y que la esperanza debe de ser sembrada de nuevo. Vale. Llevamos dos películas sin saber cuál es el clima real de la galaxia. Se han obcecado en decir que la Starkiller destruyó la República. No. Destruyó la capital de la República. ¿Qué pasa con los planetas del borde medio? ¿Qué pasa con los Restos imperiales del núcleo? ¿Los grandes aliados de la Rebelión han desaparecido? ¿Mon Calamari, Sullust, Kashyyyk, Chandrila..?

En serio, hace falta muy poquito para dar contexto. Una maldita frase puede valer su precio en oro. Sin el contexto, se pierde la dimensión y la epicidad. Y sin coherencia, acabas recurriendo a tantos “deus ex machina” que roza el insulto al espectador y al propio universo en el que se desarrolla.



  • El recurso del niño esclavo de Canto Bright
Siguiendo este hilo. Si lo que quieres es transmitir la idea de que la esperanza vuelve a surgir en la galaxia, el recurso de los niños esclavos hablando de las proezas del maestro Luke Skywalker queda resultón, pero nuevamente nos quedamos cortos en escala. Lo que la Resistencia necesita son aliados y recursos inmediatos, para dar pie a cualquier tipo de trama para el Episodio IX (en la cual, sinceramente, no sé muy bien qué es lo que van a contar, visto lo visto). Creo que ya nos ha quedado claro que esta trilogía va del cambio generacional, de que toca dejar el legado, de que nuestros héroes clásicos ya terminaron su camino tiempo atrás (“mata al niño, mata al padre…”) y que no van a aportar gran cosa en esta nueva historia de Rey, Finn y Poe.

La escena de los niños no era necesaria en esta película. El niño barrendero sensible a la Fuerza mirando al horizonte con el tema de Binary Sunset, en este momento de la trilogía, supone utilizar un refrito de recursos para meter un “guiño” con calzador. Me gustaría advertir del abuso del uso de este tema musical, ya lo he dicho antes. Lo poco gusta, lo mucho cansa, y el Binary Sunset (el tema de la Fuerza) empieza a sonar estridente si lo usan en los climax de cada película, tráiler, videojuego, audiolibro, juguete con sonido, etc, etc, etc...

Volviendo a la necesidad de la trama, ¿qué nos importa vislumbrar a un futuro jedi dentro de X años? Que a ver, el recurso (la “idea”), no es mala en sí misma. Ese niño habría quedado estupendo para cerrar la trilogía, guardándote incluso ese Binary Sunset en un momento verdaderamente trascendental. Ponemos fin a la historia de Rey y Kylo, pero el germen de los nuevos jedi vuelve a brotar... Pero esa intencionalidad en este segundo episodio de la trilogía resulta fallida, o mejor dicho, innecesaria. De hecho, alimenta aún más lo huérfano que ha quedado el Episodio IX, sin ningún tipo de “cliffhander” que motive a volver al cine en 2019 para ver el final de la trilogía. Me queda la sensación de que, con estas dos película, se podría cerrar esta etapa sin mayor problema. Otro elemento fundamental que alimenta esta sensación es el siguiente.



  • La insustancial vileza de Kylo Ren
Pongamos de ejemplo el universo Marvel, donde han brillado casi en igualdad de condiciones un amplio abanico de personajes. Ahora pensemos en los villanos. ¿Existe alguno realmente carismático, interesante u “odiable”? Quizás Loki sea razonablemente interesante, incluso el Kingpin de Netflix. Pero tras casi dos decenas de películas, ni el presumiblemente todopoderoso Thanos atisba una epicidad real que aportar a la figura del villano. Y es que llevamos unos años de sequía, en cuanto a lo que a villanos cinematográficos palomiteros se refiere. Me atrevería a decir que con la excepción de Koba (Nueva trilogía de El Planeta de los Simios), no hay muchos villanos trabajados. Puede que el universo Marvel no los necesite, pero Star Wars requiere villanos de altura.

Después de Vader, ni Lucas fue capaz de desmontar al maquiavélico Sidious, aunque estuvo cerca de borrar todo rastro de virtuosismo de su gran conspiración. Por tanto, había la necesidad de moldear algo que fuera lo suficientemente potente para esta nueva trilogía. El Despertar de la Fuerza nos vendió algo bajo un halo de misterio. El misterio está muy bien, pero sólo funciona cuando vas a ofrecer algo que esté a la altura de la expectativas que creas. Hablaré más adelante del desengaño bautizado como Snoke, pero ahora hablemos de lo importante que es criar bien a un hijo y enseñarle valores. Han y Leia han demostrado ser los prototípicos padres nefastos del siglo XXI. La clase de padres que regalan el iPhone más caro a su hijo de diez años y les brindan el poder de adelantarles por la derecha antes siquiera de aprender a llegar al final del día sin cagarse encima. Como dije antes, Abrams acertó vendiendonos un Ben Solo lleno de conflictos en su interior. Un personaje con el tormento de tener una ambigua necesidad de vincularse al lado oscuro junto a la constante seducción por la luz. En su día defendí el tema de sentirse atraído por la luz, como uno de los puntos más interesantes y prometedores del Episodio VII, ya que Kylo Ren sería impredecible en el VIII y podría ocultar un pasado mucho más complejo de lo que había en la superficie. Ahora resulta que no, que donde parecía no haber, no había nada. Ben Solo fue únicamente un niñato caprichoso con el peligroso añadido de ser muy poderoso en la Fuerza. Un pazguato imberbe que se cree el puto amo y que todos le tienen envidia. Un Froilán hecho sith con la única aspiración de alcanzar el reinado total, siendo muy muy malvado y pillándose unos berrinches del copón cada vez que algo le sale rana. Un puto niñato. Para colmo, unos padres echando balones fuera sobre su responsabilidad en el asunto: “es que el muchacho tiene mucho de Vader en su interior”. Tócate los cojones, le echamos la culpa al yayo que no ha conocido y luego, a la mínima que se pone tonto, lo internamos en la Escuela Luke Skywalker para jóvenes talentos. El padre de bares, y la madre superocupada siendo la nueva madre de la democracia constitucional. Si es que, a ver, el muchacho estaba desatendido y se echó a perder…

Ese es el villano que nos queda para el Episodio IX después de una hora de película en la que aspiraba a ser algo más. Exactamente lo mismo que ocurre con Rey, que resulta ser tan jodidamente pura e ingenua, que el el lado oscuro se la trae al pairo. No hay conflicto. Sólo dos polos opuestos en dos bandos que avivan el populismo barato con su bandera. Sólo blanco o negro, sin escalas de grises.

Pero a lo mejor es que no he entendido nada y Disney pretende darnos la puta lección de humildad de nuestras vidas, mostrándonos una visión política del comienzo de siglo junto a una crítica a la generación millenial utilizando Star Wars de trasfondo. O quizás, no...



  • Las prescindibles aventuras interraciales de "black guy" and "asiatic warrior girl"
Lo reconozco. Era muy difícil calzar a Finn en esta película. De hecho, pensaba que la solución por la que iban a optar era por dejarle en coma durante la mitad de la película, para que, cuando despertara, su ingenuo optimismo ayudara a levantar el ánimo de los desesperados rebeldes (AKA “resistentes”). Pero Disney no puede desaprovechar la oportunidad de mostrar en pantalla a una minoría étnica el porcentaje de metraje socialmente aceptado, una vez que un grupo de treinta asesores lo haya aprobado. Así que le vemos despertar chorreando bacta (supuestamente), y sin ningún tipo de herida o secuela. En su obsesión por Rey, le vemos enmascarar su preocupación bajo la realidad de su propio personaje: es un cobarde y quiere huir. Y aunque Rose le pilla y bien le acusa de ello, abriendo una posibilidad de trama interesante, pero se pasa por alto para volver a mostrar el personaje más necesario e incuestionable de la saga: Maz Kanata.

Resulta que no pueden lanzar un mensaje de SOS, pero sí que pueden contactar en directo con Maz Kanata, que está inmersa en un acrobático combate (unos dones que habrían sido extremadamente útiles en el Episodio VII cuando le tumban su castillo, pero optó por desaparecer sin más). Aquí podrían haber aprovechado para meter contexto, como que a su gremio de contrabandistas también les esté atacando la Primera Orden en su nuevo asentamiento (lo que daría una amplitud a las dimensiones del ejército de Snoke). Pero no, ¿para qué? Maz Kanata vuelve para decir que está en un “conflicto sindical” y que busquen a un descifrador de códigos que ella conoce en otro planeta para desactivar el rastreador hiperespacial de la nave insignia de Snoke.

Analicemos el plan: descubren que la Primera Orden puede rastrear los saltos hiperespaciales de la reducida flota de la Resistencia y perseguirlos constantemente, y el superplan es mandar a un soldado desertor y a una mecánica a buscar a un descifrador de códigos de seguridad (el personaje más prescindible de la saga) que acepte arriesgar su vida para colarles en un superdestructor de tecnología ajena al dominio público, no para sabotear la nave desde dentro, si no para desactivar su rastreador hiperespacial y volver a escaparse delante de sus narices, volver al crucero de la Resistencia y escapar.

Bravo.




  • Demasiado poco Luke para tanto Yoda
Casi me cago encima de miedo cuando comprendí que lo iban a hacer. Ahí venía. Esas son sus orejas. Habla del revés. Se confirmaba: nos habían colao al fantasma de Yoda.

Al final, evitarte spoilers tiene sus pros. Habían conseguido sorprenderme. No me lo esperaba. Pero la sorpresa dio paso al miedo. Algo había de raro en él. ¿A quién se parecía? ¿A la marioneta original? ¿A la marioneta del Episodio I? ¿Al pepinillo con orejas del II? ¿O al digital cercano a lo convincente del III? Pues casi diría que a todos y a ninguno, con el añadido de un aura fantasmal que desentona. Si bien, no considero que Yoda funcione mal en la película, aunque Luke vuelva a quedar como un pelele, visualmente me resultó… Extraño. A ratos parecía moverse como el Yoda original, como que el rostro quedaba un poco raro. Sin duda es de las escenas que más ganas tengo de volver a ver, para decantarme por el pulgar arriba.

Otra historia es empezar a asimilar que ahora los fantasmas jedi puedan interactuar con el mundo real convocando relámpagos, como si vinieran de Asgard...



  • El mazazo Snoke
La turra que ha dado el fandom con la identidad de Snoke. Que si era el Emperador, que si era un clon del Emperador, que si era Darth Plagueis, que si era Mace Windu en el lado oscuro, que si era un primo de Jar Jar Binks desfigurado tras un accidente de moto… Teoría arriba, teoría abajo, todo el mundo estaba atento a conocer el rol y el origen de este nuevo personaje que nos desveló El Despertar de la Fuerza. A continuación, se va a aclarar lo sucedido con este personaje mediante un mensaje de un conocido personaje Disney que habla en nombre de la compañía:
“Hola, soy el Olaf, el muñeco de nieve. ¿Os gustó Snoke? ¿Esperábais una revelación trascendental sobre este personaje? Pues no pierdas más tiempo porque es un puto looser y te lo vamos a partir en dos en tu puta cara, sin haber dicho absolutamente nada sobre él y sin aportar nada a la trama. ¡Zasca! A tomar por culo el misterioso villano surgido en las Regiones Desconocidas. ¿Sith? ¿Sectario del lado oscuro? ¿Aspirante a Emperador? Nos sudan los genitales, nosotros ya hemos cobrado. ¡Anda a mamarla! 
PD: No olvidéis comprar próximamente vuestro Bluray 3D 4KHD de Los Últimos Jedi, doble disco de lujo edición caja metálica versión fea con veinte minutos de escenas eliminadas sin CGI, de diálogos vacíos y caras de intensidad que no llevan a ninguna parte por sólo 44’95€. La edición ultra especial de 59’95€ incluye tres cortometrajes de las aventuras de Chewbacca y los porgs en el planeta Batuu y 55 minutos adicionales de una entrevista a Gwendoline Christie, hablando de la profundidad del personaje de Phasma y de cómo proyecta la imagen de una mujer fuerte e independiente.”
Gracias a Olaf por su intervención. Bien, no sé si añadir algo. El lema es: “mata a lo viejo, y conviértete en lo nuevo”, o algo así, ¿no? Vale, nos ha quedado claro. Que nos vendéis humo como a putos subnormales, también lo habéis dejado cristalino.



  • La ingenua y poco sorprendente Rey
Rey… Qué maja. La entrañable Rey. La ingenua Rey. La obcecada Rey. La autodidacta en el camino de la Fuerza Rey. La esperanzada Rey. La comprometida con la causa Rey. La defensora ultra de los jedi, una secta que hasta hace dos semanas pensaba que eran de coña, Rey. La incorruptible Rey. La sonrojada ante la visión del pecho-palomo del niñato Rey. La aburrida… Rey.

La protagonista de la nueva trilogía poco tiene ya que ofrecer en el Episodio IX. Aquí ya hemos abierto y desgranado su psique. Le atormentaba el abandono de sus padres y el no saber quiénes eran. Se enfrenta a ello en el “Pozo de Oscuridad” y no le afecta. Kylo le dice abiertamente que sus padres no eran nadie (espero que no haya mentido, porque cualquier revelación a estas alturas quedará ligeramente ridícula), y tampoco parece importarle. Esta niña nos ha salido luminosa, luminosa, hoygan.



  • Maz Kanata (otra vez)
¿Os acordáis cuando Maz Kanata, ese personaje carente de humor, carisma, coherencia o simpatía, desaparece sin dejar rastro ni explicación en el Episodio VII? Bueno… No pasaba nada con que se quedara así la cosa… Hasta podemos olvidar el pensar por qué narices tenía un sable láser que cayó al vacío en un planeta gaseoso décadas atrás. Puesto a pensar... ¿Se ha visto la mano robótica de Luke en esta película?



  • John Williams en modo piloto automático
El porculo que dí al salir de Rogue One, clamando lo necesario que es John Williams para la saga de Star Wars, tras demostrar que estaba en forma con el Episodio VII.

Pero el que no es tan necesario es el John Williams de El Ataque de los Clones, el que compone un único tema nuevo carente de fluidez melódica y el resto lo rellena con remezclas y piezas íntegras de la trilogía clásica. Para este resultado, mejor que vuelvan a llamar a Giacchino. Vaya apatía de banda sonora...



  • La extinta orden de Ren 
¿Os acordáis de aquellos jovencitos confusos que acompañaban al niñato-bien de Kylo en la visión de la purga jedi de Rey? Sí, los que cita el irrelevante y desmembrado Snoke. Sí hombres, los que venden en falso en los trailers, con sus máscaras, armaduras y armas exóticas, como si fueran el puto azote de la Orden Jedi. Esos que el Universo Expandido canónico te venden como si fuera la Guardia Real de Poniente en Juego de Tronos. Los Caballeros de Ren, esos mismos.

Pues están comiendo pistachos en un bar del Borde Exterior. Ya si eso, leeis sus desventuras en algún libro chorra de 85 páginas a 30€ que saquen esta primavera.



Pues hasta aquí, fans.

Bueno, puede que al final sí que haya sido un poco hater. Solamente añadir que quien opine que "al mal tiempo, buena cara", revise lo que se gasta en merchandising de la franquicia. Correcto, por lo que se nos cobra, tenemos todo el derecho a opinar lo que nos salga del agujero negro, ya sea bueno o malo.

Son tiempos oscuros para los fans. No para los que se atiborran de merchandising de todo tipo y se dejan embaucar por el espectáculo, esos están bien para hacer cola para comprar iPhones. Los fans, los genuinos, los que quedamos, no tardaremos en estar cansados.


viernes, 16 de diciembre de 2016

[LOVE] Rogue One: Esto es la guerra

Un año después, parece que he abandonado el presente blog. Sin embargo, tengo el panel lleno de borradores de mi reinterpretación de El Despertar de la Fuerza que no he conseguido rematar para ir publicándolos. Entre tanto, me ha pillado la siguiente película de la saga, el primer spin-off: Rogue One. Toca hablar de ella y no me voy a unir a la sobreexcitación generalizada que se está propagando por las redes.


A veces pienso que a estas alturas soy imposible de satisfacer. Creo que algo murió en mí el día que vi a Luke Skywalker decirle "No" al Emperador, el día que los rohirrim cargaron en los campos de Pelennor, el día que Arya Stark se quedó a las puertas de la fortaleza de Los Gemelos mientras se producía la mayor traición acaecida en Poniente, el día que Skynet tomó conciencia de sí mismo, el día que Kvothe cayó seducido por Felurian... La fábula de la Trifuerza repitiéndose hasta la eternidad en Hyrule. 4 8 15 16 23 42. La reina de los xenomorfos buscando su venganza en la teniente Ripley. Un rayo que cae oportunamente sobre la torre del reloj para accionar el condensador de fluzo. Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia.

El sentimiento de extrema tristeza y satisfacción al cerrar el último libro de una buena saga es una pesada carga. Un peso que cala hondo... Porque aumenta tus expectativas para con el resto, porque ha destruido un trocito de tí que se asombra y se ilusiona. En ese sentido, Rogue One me ha dado una ración sobresaliente del Universo Star Wars, nos ha proporcionado una historia perfectamente hilada y respetuosa con todos los cánones, multitud de mundos y personajes contextualizados con naturalidad, escenas de acción a raudales, un guión divertido a la vez que contundentemente serio. Puede que Rogue One sea mucho más película que las 4 que han venido antes que ella, desde 1999. Y a pesar de todo ello, no me ha logrado transmitir verdaderas emociones.

Veo por los primeros comentarios que los "haters" del Episodio VII se han palpado todas sus zonas erógenas con Rogue One. He llegado a leer que es lo mejor desde El Imperio Contraataca. Todo el mundo parece opinar que es lo más Star Wars que ha habido casi desde Star Wars. ¿A qué nos queremos referir con eso? ¿Qué es Star Wars? ¿Su universo o su historia? ¿Su galaxia o la epopeya que intencionadamente nos quiso contar George Lucas? Mi opinión es que desde la trilogía original, tras años y años de abrir un universo, que en todos sus productos fue fiel a su identidad y sin fisuras, no se ha conseguido crear una película que guarde el equilibrio necesario entre el espíritu aventurero de la epopeya Skywalker y todo el contexto galáctico que el fan tanto demanda.

Rogue One ofrece todo lo que le falta a El Despertar de la Fuerza, y la solemne cohesión y coherencia entre personajes y contexto que nunca tuvo la trilogía de precuelas. Pero, por contra, hay viceversa y los aciertos de El Despertar de la Fuerza (que los tiene, aunque a algunos les ciegue el odio) no han logrado plasmarse en Rogue One. En parte, su propia naturaleza le niega cierto grado de epicidad; al ser un capítulo autoconclusivo, la narracción y el desarrollo se ve delimitado por sus 133 minutos. Tan acostumbrados estamos, los consumidores de sagas, a esa pequeña semilla que nos dejen para continuar con la siguiente y llegar a un gran final apoteósico, que puede dejarnos a medias a la hora de implicarnos con la historia que nos cuentan. Por otro lado, al margen de cameos, puede que la ausencia de los grandes personajes en la trama pueda incomodar a algunos.

El caso, es que a pesar de sus grandes aciertos, que comentaré hacia al final de mi reseña, empezaré como hago siempre con los grandes puntos negativos, al igual que hiciera con el Episodio VII. En honor a la verdad, la lista no será tan grande, ya que los fallos de trama o canónicos son muy reducidos.


miércoles, 14 de octubre de 2015

[LOVE] Ready Player One: Insert Coin


STAGE 1 - UNREAL HYPE

"Léete esto, te va a encantar", decían los que me han identificado como un alma friki, no sin cierto grado de complicidad. Ready Player One de Ernest Cline, 2011. "Es una novela distópica que va de un videojuego y de referencias a los 80". Qué prometedor, pensé, investiguemos.

Ready Player One, año 2044, el mundo se va a la mierda. Se han agotado los combustibles fósiles y la gran mayoría de la humanidad está al borde de la mendicidad. La vía de escape es un videojuego de realidad virtual aumentada en línea, llamado Oasis, en la que la gente invierte gran parte de su tiempo, evitando enfrentarse al futuro incierto del triste y desgastado mundo real. Millones de personas juegan, conversan, compran objetos reales y virtuales y tienen relaciones y sexo cibernético en mundos artificiales idílicos. ¿El límite? La imaginación. Tu avatar en Oasis puede ser la forma humanoide que decidas, un guerrero medieval, un mago, un piloto espacial, un troll, un dinosaurio antropomórfico, un Alien...

Si bien ya contamos con suficientes elementos para considerar el estar tratando con una obra denominada friki, estaremos errando. Partiendo de esta antesala, parecemos estar ante otra novela de ciencia ficción, género que a menudo es etiquetado equivocadamente (en este caso) como "friki". ¿Qué es lo que convierte a Ready Player One en algo atípico, algo que pueda enfocarse en un género propio? Pues bien, el elemento de partida sería el personaje creador de Oasis (James Halliday), uno de los mejores programadores de la historia, que creció y desarrollo su afición por los videojuegos en los años 80, época que le marcó y de la que siempre se declaró fan hasta la obsesión, evidenciándolo en Oasis, con multitud de referencias culturales de la época. El detonante de la historia es la muerte de Halliday, ya que difunde públicamente su testamento en un vídeo en el que afirma que se entregará su fortuna, la dirección de su empresa y el futuro de Oasis a aquel que descubra un huevo de pascua oculto en el mundo virtual. Para hacerse con el huevo habrá que encontrar 3 llaves y 3 puertas secretas con desafíos programados por él, para que sólo los más dignos seguidores de la cultura de los 80, puedan cruzarlas. Cuatro años después, cuando la histeria provocada por el testamento de Halliday y la "cacería del huevo" empezaban a apagarse, un joven desconocido se hace con la primera llave...



Con esta segunda premisa de mi breve sinopsis, uno puede hacerse una idea más aproximada de lo que nos podemos encontrar, pero es que Ready Player One está literalmente cargada de videojuegos, consola y ordenadores clásicos, de películas, de series de televisión y de música, de mucha música. Y aunque pueda parecer un perfecto reflejo de los Estados Unidos ochenteros, usado como escenario y ambientación dentro una obra que pudiera recordarnos a Tron o a Matrix, lo cierto es que no es más que una selección subjetiva del autor (achacado al creador del mundo virtual Oasis). ¿Pero es justo llamar "friki" a los 80? ¿Son los 80 lo único que encauza esta obra? La respuesta, desde mi humilde opinión, es no. Cierto es que en los 80 surgieron grandes referentes de la fantasía y la ciencia ficción tan fuertemente vinculados a lo "friki"/"nerd", y es, quizás, "nerd" el término que mejor representa a la figura del creador y/o jugador de videojuegos, ¿pero vender esta obra como la novela friki por antonomasia? Definitivamente, no creo que sea apropiado.

Hay dos puntos de vista que me chocan con esta forma de conceptualizar la novela. Por un lado, y ya lo he comentado otra veces, el término "friki" que se ha usado demasiado de forma peyorativa, ya no puede atribuirse a un conjunto aislado de individuos, y en este caso concreto no puede atribuirse al conjunto de referencias que nutren el libro. Estamos hablando de cine, videojuegos, música, televisión, y ni una época concreta (que no es exclusiva de los 80, aunque así se venda), ni una criba de personas, otorgan unilateralmente la etiqueta "friki" a esta novela. Son referencias a la cultura pop estadounidense tan implantada y aceptada globalmente en nuestro imperante sistema capitalista, que estamos hablando de generalidades. Es imposible que nadie mayor de 20 años pueda eludir todas las referencias que Cline menciona en su obra. Que alguien no haya jugado a uno de los clásicos que se mencionan, no le impide seguir el hilo de la historia, ni le incapacita para entenderlo. De hecho, el autor hace muchos esfuerzos por masticar en exceso todas las alusiones que cuela en cada capítulo.


Por otro lado, hay un mundo que está radicalmente cercenado de la concepción de "friki" en su totalidad, y es el del cómic. No existen referencias directas a cómics ni novelas gráficas. Todo ese "subgénero friki" trasluce de forma testimonial en un segundo o tercer plano. Desde mi apreciación personal, ya que has creado un mundo en el que tu avatar de Gandalf puede enfrentarse a los cylons de Battlestar Galactica montado en la nave espacial de Firefly mientras saltas montado en la furgoneta del Equipo A disparando al agente Smith de Matrix las bolas de fuego de Super Mario, ¿qué costaba incluir a Hulk machacándole el cráneo a Goku? No lo sé. Creo que todos los mal conceptualizados como frikis, hemos imaginado algo así como "un todo por el todo" de nuestros mundos de fantasía. Un multiverso total. Una fusión global de géneros y universos de ficción. El refrito definitivo.



Y es que eso, a fin de cuentas, lo que viene a ser Ready Player One: la obra cumbre del género de refritos de la cultura pop. O lo sería, si hubiera abarcado a los cómics y fuera capaz de concebir algo que fuera más allá de lo estrictamente norteamericano/británico. Esa es otra espinita que me ha clavado este autor americano: la tendencia única y absoluta a lo anglosajón, a excepción de un puñado de referencias al anime/manga japonés que han tenido éxito en los Estados Unidos. No me quiero engañar, ¿qué ha podido ofrecer el resto del mundo ante el gigante cultural del siglo XX, el vencedor de la Segunda Guerra Mundial que se ha colado inexorablemente en todos los rincones de nuestros hogares a través de la televisión, el equipo de música y la pantalla de nuestros ordenadores? Muchísimas obras, sin duda, pero carentes de la difusión planetaria con la que USA ha monopolizado la ficción y la forma de concebirla. Sólo las que los filtros del buen hacer del Tío Sam, han permitido. El videojuego japonés, Tintín, Bola de Dragón, ¿Asterix quizá?, grupos alemanes cantando en inglés y pocos ejemplos más, habrían conseguido calar con un éxito similar, y por lo general, con limitaciones geográficas. Sin entrar en el mundo de la literatura (menos mal, aquí sí se puede alcanzar la "universalidad"), no existen películas, grupos de música, videojuegos o cómics de los países de segunda y tercera fila capaces de formar parte del imaginario colectivo humano.

Pero esto no puede ser una crítica firme al libro, porque requeriría renunciar a toda la ficción que nos ha alimentado la psique durante toda nuestra vida y de la que tenemos dependencia. La cultura pop anglosajona forma parte de nuestra cultura global con un reminiscente de su victoria sobre todos los demás. Y todas estas películas, series, videojuegos, música y cómics son nuestro "Oasis" particular, la respuesta retroalimentada de un sistema que, cuando es comprendido a una mínima escala, asquea y crea repulsa como individuo insignificante y prescindible del mismo. Y Ready Player One, no deja de ser más que otra chuchería que trata de suplir la voracidad de nuestras desalentada existencia, pero no por ello rechazamos entrar al juego y disfrutarlo.

Carpe diem. Eso es lo que nos queda.




viernes, 13 de marzo de 2015

[LOVE] Trascendestellar


Para aquellos que a menudo nos vemos sobrecogidos por la efimeridad de nuestra existencia y nuestra irrisoria huella sobre la enormidad del universo, 2014 nos trajo una perita en dulce. Christopher Nolan volvía a orquestar un nuevo largometraje. Un largometraje coescrito nuevamente con su hermano Jonathan (quien inicialmente iba a dirigir el proyecto como opera prima), con la pretensión de establecer un nuevo hito homenaje al cine de ciencia ficción.
Cierto es que no han elegido el momento idóneo, tras el éxito desmedido de Gravity en el ejercicio anterior. La academia y su séquito no suele repetir en eso de premiar géneros o personajes de moda, y ciertamente hemos podido ver esa posible injusticia, comprobando la lista de nominaciones y premios, casi todos técnicos, recibidos en los principales certámenes de premios del séptimo arte.

¿Quizás demasiada ciencia ficción para el pecho en pocos meses? Puede ser, pero en opinión del piltrafilla que aquí escribe, la obra de Nolan es superior a la de Cuarón. Ojo, no me confundan con ese homo sapiens arquetipo al que se le ponen duros los pezones con cada película de Nolan. Siempre me han rechinado demasiado las particularidades de este señor, en concreto su afán porque sus obras aspiren a sobrecoger al mayor número de almas posible, aunque por el camino se lleve por delante a los que le hemos calado en su declaración privada de intenciones. Nota: Sacaré la mierda de su sección de perfumería más adelante, para el caso que nos toca.

Me gustó Gravity. El mensaje es claro: "señores, no olviden que el espacio no es para mariquitas" (ni para mujeres débiles, en este caso). Ni para mariquitas, ni para bichos unicelulares que sobreviven en el magma. El espacio es muerte y estamos infinitamente alejados de cualquier perspectiva de domarlo a nuestro antojo, como hacemos con nuestro pisito de soltero que es la Tierra. Pero ahí se queda, otro incidente marcado en negrita para la historia de la carrera espacial, otra evidencia de nuestra fragilidad en el vacío, eso sí, espectacularmente mostrado. La mayor de las reflexiones que puede suscitar Gravitiy es si Sandra Bullock emite los mismos gemidos ahogados en gravedad cero que cuando practica sexo anal con F=m.g en Los Ángeles. Bueno, vale, admitamos cierta evolución en su determinación por sobrevivir.



Le película de Nolan de este 2014, por el contrario, nos deja alguna reflexión más. Una necesidad de seguir masticando después de que aparezcan los créditos finales. No me refiero, a las reflexiones obvias que Chrisito (sí, me gusta llamar a Nolan como al hijo de Chris en Lock & Stock, gilipolleces mías), nos deja como zanahorias colgadas delante de la jeta de un asno, para que los espectadores menos sagaces salgan de la sala regodeándose en su propia inteligencia. No; debajo de este film quiero descubrir más cosas, intencionadas o no por parte de sus guionistas asesorados por la NASA, cosas que semanas después de su visionado me siguen asaltando y transmitiendo un ansia viva por volver a deleitarme con la obra en su conjunto. Metidos ya en el 2015, no me queda otra cosas que decir que con esta, esperaba la película de 2014, y debo admitir que la encontré.

Si han llegado hasta aquí sin reprimir las naúseas, agárrense, porque les propongo formar parte de un viaje hacia las estrellas. Un lugar en el que descubriremos que una de las sustancias esenciales del universo las llevamos en nuestras entrañas, en un arrebato de ego humanista omnipotente.

Les propongo lo siguiente: hagan clic aquí y déjense invadir por la armonía trascendental de la banda sonora del evento cinematográfico que aquí nos ha traido. Escuchen. Avancen hasta la posición 02:51 de la pista y escuchen. Déjense llevar. Escuchen.





El viaje es inevitable. Ahora no hay vuelta atrás.




Pero, escuchen, escuchen mientras se prepara la cuenta atrás.




Comprobaciones positivas. Todos los niveles correctos.





¿Preparados para despegar?






10


...


9


...


8


...



7


...


6


...


5


...


4


...  (ALERTA DE SPOILERS Y BASURA ESPACIAL EN EL VECTOR DE SALIDA) ...


3


...


2


...


1


...


Qué cabeza, he olvidado nombrar el origen de esta entrada. He venido a destripar:


¡IGNITION!




He calculado que aproximadamente el 60% de los que continuáis leyendo habéis vomitado violentamente, y no por haber escapado de la atracción gravitatoria terrestre y haber perdido la protección de la magnetosfera, sino por el bochornoso recurso estilístico utilizado miserablemente para captar vuestra atención.

¿Os sentís engañados? ¿Como si os hubiera contado una historia mucho más trascendente de lo que en realidad es? Enhorabuena, habéis asistido a una "nolanización" de manual. Es lo que Nolan practica perversamente con su espectador en cada película utilizando esos crescendos descomunales complementados con la banda sonora. Si no te dejas embaucar, y eres un intransigente de las inexactitudes científicas y la verosimilitud, Interstellar puede resultar una galería de momentos super-mega-trascendentales con los que no empatizas. Y es que aquí, Nolan se ha dejado llevar por su propia técnica y cada fracción argumental termina que una explosión de intensidad trascendente que amenaza con destruir nuestros tímpanos y dejarnos el bulbo raquídeo al aire completamente desnudito.

Trascendencia. ¿Qué pasa cuando el director de los momentos épicos por antonomasia hace una película sobre el trascender del ser humano a nuevos planos? Que si te dejas embaucar por su grandilocuente historia, a pesar de algunos errores de base e información insistentemente mascada, los momentos trascendentales pueden adquirir proporciones épicas y te meten de lleno en este homenaje al cine de ciencia ficción espacial, encauzado en la historia de amor entre un padre y una hija que salvarán a la humanidad (primer mini-spoiler en la cara).
Dejarse embaucar, por tanto, depende en gran medida por tu predilección por el género y particularmente por el grado de empatía que tengas con el 2001 de Kubrick, o en contraposición, depende de tu devoción subjetiva por el cine de Nolan (una gran parte de los espectadores, sus boyfans). El que viste y calza (por lo menos entre semana), es un prototipo estándar del primer grupo y miembro simpatizante del segundo, por lo que podéis entender que en la sala de cine estuviera dos horas babeando con la piñata abierta cual presa de pantano. La historia me permitió pasar por alto sin complicación, las inconsistentencias y las licencias del director.


Continúo para los embaucados que, acompañados de la banda sonora de Hans Zimmer (notable a pesar de seguir la misma "nolanizada" línea), os hayáis sentido saliendo empujados hacia las estrellas como Matthew McConaughey. Y no sería la primera vez que el muchacho ve las estrellas...




Pongámonos sobre el terreno. Resumámos, sin limitación de spoilers, el film y luego pinchemos donde hay que pinchar, porque hay muchas, muchas inconsistencias (no sólo para con lo plausible aunque no me las voy a dar de astrofísico como tantos criticones de medio pelo, sino también de guión). *Nota: Podéis avanzar al análisis y las conclusiones si habéis visto la película y os ha quedado clara.


MI SINOPSIS

En un futuro cercano, nos topamos con un planeta Tierra moribundo. Una plaga no identificada está acabando con la vida vegetal y con el oxígeno, con el resultado de que todos los esfuerzos se centran en preservar los cultivos en un planeta cada vez más polvoriento y lleno de tormentas de arena. Muchos gobiernos han caido y se da a entender que la población se ha visto diezmada por numerosas crisis. Alabado sea Dios, el gobierno de los EE.UU. sigue en pie sobreviviendo a la extinción con fuertes programas de agricultura y sostenibilidad. Da igual tu formación anterior al declive, ser granjero es lo más importante. Con este pretexto enmarcamos a Joseph Cooper (Matthew McConaughey), un antiguo ingeniero y piloto de pruebas, viudo, con dos hijos y cargando con John Lithgow de suegro. Actualmente un miembro activo de la sociedad como granjero. Y amargado. Amargado por su existencia como cavador de zanjas y atrapado en un mundo que no necesita su formación y su pasión (esto me suena y no es el futuro), que es volar y el espacio. Mira hacia arriba en busca de respuestas, pero sobrevive como hacen todos, y por sus hijos. Su hijo tiene dotes para el cultivo y el campo. Será un buen granjero del maíz hasta que también se extinga. Pero su hija Murphy (Mackenzie Foy)... Ella es inteligente, creativa, curiosa... Tiene problemas en el colegio, porque no le basta una educación básica, ella aspira a más. Pero en un planeta que se está muriendo no hay lugar para los intelectuales... ¿O sí?



Un "hilado por los pelillos del bigote" fenómeno inexplicable ocurre en la habitación de Murph. Se oyen ruidos, se caen objetos... Ella lo llama "el fantasma". Cooper se queda con el ojete torcido al ver que esta anomalía les manifiesta unas coordenadas concretas sobre el polvo del suelo (no es que sean guarretes, es que hay mazo polvo everywhere primo). Deduciendo que se trata de una alteración magnética deliberada, se entusiasma con la idea de que esas coordenadas le revelarán a algo o alguien que está al nivel de sus expectativas. Ni corto ni perezoso se planta en una base secreta que alberga una oculta NASA, dirigida por el el profesor Brand (Michael Caine) junto a su hija Amelia (Anne Hathaway). Allí le soltarán una revelación trascendental: el planeta se muere sin solución y el gobierno financia en secreto a la NASA y su proyecto para huir de la Tierra e instalarse en otro planeta. El secreto se debe a que la población observaría como un despilfarro invertir en la agencia espacial (pullita de Nolan a la situación real actual del programa espacial norteamericano).

Curiosamente no se insiste mucho en dilucidar cómo Cooper aparece allí justo en el momento en el que tiene una vacante de piloto para la misión más importante de la humanidad. Un agujero de gusano (o portal interestelar) ha surgido misteriosamente cerca de Saturno, una puerta que se abre a un sistema solar similar con 3 planetas potenciales para albergar la vida terrestre. Ya se han mandado misiones de reconocimiento, pero no se pueden recibir comunicaciones desde el otro lado, por lo que es necesario un viaje más para confirmar el planeta adecuado y que parta una colonia desde la Tierra. Cooper no tarda mucho en decidir que debe unirse a una misión sin garantías de retorno y abandonar a sus hijos. Lo sabemos desde que miró hacia el cielo. Es su pasión, lo que está capacitado para hacer, y ahora carga con la responsabilidad de salvar a todos y darles un futuro. Pero Murph no lo entiende, le odia por abandonarle, y en contra de lo que le recomienda su suegro, Cooper les promete que volverá. Se va roto, Murph ni siquiera ha querido despedirse de él.

FIN DEL PRIMER TERCIO

Lo que resta de película se centra en la misión espacial. Cuatro tripulantes y dos robots con inteligencia artificial vacilona cargada al 75% de sarcasmo. Emocionante viaje a través del agujero de gusano, para llegar al nuevo sistema. Aquí entramos a saco a pisar terrenos fangosos, ya que Nolan va a jugar con el espacio-tiempo colocando un agujero negro en este sistema (y muy próximos al portal y a los planetas). Por esta estratagema que tanto juego dará a la película, restamos coherencia a la trama ya que ¿qué clase de viabilidad tiene un proyecto para colonizar un sistema con un agujero negro (por muy teóricamente rotativo que sea) que está condenado a autodestruirse? Prosigamos. No es hasta llegar allí cuando identifican las distintas alteraciones temporales que el agujero negro ejerce sobre cada planeta. En resumidas cuentas, el descender a un planeta, les supondría una ralentización del tiempo en comparación con lo que está fuera de la atracción del agujero negro (tranquilos, Nolan al igual que en Origen, utiliza a un actor para explicar todo todito a quien no sea capaz de comprender la relatividad). El caso es que eligen el planeta con mayor transcurso de tiempo al peso y la cagan para bien, no sólo encuentran un mundo acuático sin superficie sólida si no que pierden a un astronauta por un maremoto, retrasándose lo suficiente para perder 23 años al cambio en la Tierra.


Otro asunto curioso es que aunque no pueden emitir desde ese lado, sí que reciben información desde la Tierra. Cooper revisará toda una vida que ha perdido con su hijo, que ha tomado bien su rol de granjero, pero sólo recibe un único mensaje de Murph cargado de odio y rencor. Muy emotivo todo. Sobretodo cuando Michael Caine muere confesando que el transporte a gran escala desde la Tierra es imposible porque no han descifrado la ecuación necesaria para generar gravedad artificial y soporte vital en una gran estación espacial que albergue a miles de personas. La misión "Lázaro" de Cooper tiene en realidad, el objetivo de poblar el planeta con un plan B (una asombrosa "máquina" con toda la información genética de las especies de la Tierra capaz de "sembrar" la vida, que denominan la "bomba demográfica"). Murph cree que su padre se embarcó en la misión, a sabiendas de que jamás volvería, de ahí su renovado rencor. Cooper engañado, y tras el fracaso en el primer planeta, rompe una lanza y decide el rumbo del siguiente planeta (que según los datos recibidos tiene muchas papeletas para presentar estabilidad para la vida). Allí, sorpresa, se encuentran criogenizado con el primer enviado al planeta, el doctor Mann (Matt Damon), que está un poco aturdido por la soledad. Resulta que Maaaatt-Deimon estaba más que aturdido, ya que había enviado datos falsos sobre el planeta, que resulta ser completamente estéril, para que fueran a rescatarle. Como buen cobarde y sin mucha lógica, intenta matar a la tripulación y se dispone a robar la nave para terminar él con la misión en el tercer planeta. Otro momento espectacular, que recuerda mucho a Gravity es el accidente que Maaaatt-Deimon desencadena en la nave en órbita. Con ayuda de los robots, pericia y mucha peripecia, Cooper consigue salvar lo que queda de la nave. Sin embargo, para conseguir que Amelia llegue al tercer planeta, el bueno de Matthew se hace el héroe y se sacrifica arronjándose con un módulo auxiliar al agujero negro... (he ido muy rápido, lo sé).

FIN DEL SEGUNDO TERCIO

El momento de la trascendencia. O eso pensaba yo, cuando parecía que ibamos a ver un viaje similar al de 2001, en el que la mente de Cooper trascendería a un nuevo nivel hacia lo desconocido. No, aquí vuelve Nolan a hilar las semillitas que ha ido sembrando en la película. Cooper, en vez de morir totalmente destruido por el efecto del agujero negro, alcanza un plano extra-dimensional desde el cual es capaz de interactuar en el espacio y en el tiempo (aunque el espacio se limita a la habitación de Murphy). Así, Cooper se revela como "el fantasma" de la habitación de Murph y consigue enviar a su hija adulta el secreto de la ecuación de Brand (por morse, tócate los cojones), reconciliándose además con ella.


Magia Potagia, Cooper reaparece unos 80 años después de su partida en Saturno justo en la trayectoria de la estación espacial con la colonia humana que se dirige al nuevo planeta. Allí se reencuentra con una moribunda Murph nonagenaria, y se confirma la reconciliación y el amor padre-hija. Si Cooper no encontraba sentido en su vida en la Tierra, tampoco veia sentido en sentarse a esperar, así que decide partir en búsqueda de Amelia que, ignorante de todo, está estableciendo sola la "base de la vida" en el tercer planeta, Edmunds, que es el bueno.

FIN

ANÁLISIS

Revisionemos nuevamente de forma cronológica (si los agujeros negros nos lo permiten).


Al inicio de la película, hay un arranque estilo documental en el que unos abuelos hablan de la "época del polvo", con recuerdos nostálgicos sobre los tiempos de antes de la era de la plaga y las tormentas de arena en la Tierra. No se dónde he leído o escuchado que se trata en realidad de entrevistas reales a personas que vivieron los años de sequía conocido como "dust bowl" durante la depresión estadounidense. De hecho, parece que la ambientación (la granja, la casa de madera, esa fotografía polvorienta...) está sacada de Las Uvas de la Ira.
La idea es buena, y habría resultado interesante en el caso de seguir una narración apoyada en estos testimonios (pongamos de ejemplo la serie Hermanos de Sangre, o la estructura original de la novela Guerra Mundial Z). Sin embargo, no se vuelve a hacer referencia a este elemento hasta bien entrado el final, resultando que dichos testimonios están recogidos en un museo sobre Joseph Cooper, el salvador. No he llegado a comprender la función de este recurso, a pesar de lo curioso del detalle del "dust bowl".

El mundo distópico de Interstellar ha recibido muchísimas críticas, sobretodo en cuanto a que no se explica qué conflictos se han sucedido ni en qué consiste la plaga que acaba con la vida vegetal. Yo no considero relevante especificar lo que pasa, teniendo en cuenta la cantidad de distopías que se han llevado al cine de forma fallida, precisamente por recrearse en los orígenes y consecuencias del apocalípsis de turno. Sí me chirría que a estas alturas se siga insistiendo en que lo único salvable de la Tierra se sintetice y ajunte en EE.UU. Nolan nos los vuelve a poner de salvadores de la humanidad (su humanidad), como si actualmente la potencia aeroespacial no fuera la Federación de Rusia. Pero como alegato para defender la importancia de la NASA, ojo eso sí que lo aplaudo, le ha quedado muy bonico. Pero quizás, no bajo el amparo del gobierno estadounidense, que inexplicable e ilógicamente, ha disuelto al ejército. Por poco puntilloso que se quiera ser, no imagino un ejército como el estadounidense, disolviéndose sin más (sobretodo en un estado de inestabilidad social absoluta).

Otra crítica generalizada, incluso por parte de los boyfans de Nolan, es la supuesta "ñoñería" de la relación padre-hija. Señores, un buen ejemplo de relación paternofilial ñoña y sinsentido la tenemos en La Guerra de los Mundos, no sólo por el repelente personaje de Dakota Fanning, es que no hay quien se crea a ese padre (Tom Cruise) ni su inexplicablemente fría y hostil relación con sus hijos.
El trabajo de McConaughey y Mackenzie Foy es, sin embargo, muy notable. Primero porque conseguir un papel y una interpretación infantil que no sea cargante es bastante complicado y aquí se nos presenta a una niña verosímil y creíble para esa realidad, sin dejar de ser una niña; y segundo porque el carácter de Cooper no es el de un padre ñoño ni especialmente cariñoso, aunque transmita un amor profundo y sincero por sus hijos.
Luego también lees lo de "vaya padre, que deja a sus hijos para irse al espacio". Pues sinceramente, la impresión que se refleja es de dudar claramente que aceptara si no le dicen "o nos ayudas tú, o no estás condenando a morir a todos".

Quizás para mí los mejores minutos de la película son los que van desde la partida de Cooper, con su desgarradora despedida de Murph, hasta el salto por el portal interestelar. Destaco también cómo la música adquiere una inspiración marca John Williams, al mostrar fenómenos inexplicables (el fantasma y manifestaciones en el agujero de gusano), leves recuerdos de Encuentros en la Tercera Fase. En este tercio nos presentan a dos personajes claves, que sostienen toda la carga cómica de la película, los robots TARS y CASE. Las líneas de diálogo de estas inteligencias artificiales son tan breves como extremadamente efectivas en su sagacidad, y aportan una vuelta de tuerca a las concepciones más comunes de la robótica. Nolan juega con la predisposición del espectador a esperar un mal latente de los seres artificiales, para mostrar que resultan ser los compañeros más útiles y fieles, sin crear una excesiva dependencia de ellos. Si por un lado nos ofrece una IA completamente diferente a la del HAL 9000 de 2001: una odisea en el espacio, Chrisito nos la homenajea de otro modo, ya que la apariencia externa de estos robots cuando están plegados es tan sencilla como icónica: ¿TARS no os recuerda a cierto monolito?




La intencionalidad del homenaje a Kubrick podemos saborearla también en la música de Zimmer, y en el momento en el que Cooper se arroja al agujero negro de "Gargantúa". La primera juega para espectadores con oído, y la segunda con las expectativas de los espectadores curtidos en la ciencia ficción, como queriendo mostrar "soy Nolan, este es mi toque distintivo". Como luego profundizaré, esta marca está justificada por ser fiel a la idea principal de la película, si bien está muy cogida por los pelos y casi seguro acaba decepcionando a los aficionados del género.

Otra escena polémica es la del icónico planeta de los tsunamis, cuando muere el personaje de Wes Bentley (el de American Beauty). Partamos de este personaje, que no he destacado en la sinopsis. Doyle es el experto en geografía, por lo que se cumple una regla fijada en el cine espacial reciente: la palma fijo. Los expertos en geología, geografía, biología, están condenados a morir de la forma más estúpida o irritante posible (véase El Núcleo, Sunshine o Prometheus). ¿Doyle muere así en Interstellar? Para gran parte del público, así ha sido. Yo no opino que esta muerte sea todo lo estúpida que pueda parecer. Por mucho que el personaje de Amelia se obstine en recuperar la sonda, es el momento en el que identifican la ola gigante el que ya da por sentenciado a Doyle. Recordemos (parece que muchos no quieren) que la gravedad de este planeta es muy superior al de la Tierra, y ni Doyle ni Amelia tienen capacidad para regresar a tiempo a la nave por sus propios medios. Por lo que el robot CASE, además de ser consciente de que Amelia portaba información vital para la misión, responde a la orden de Doyle de salvarla a ella. Doyle intenta en vano regresar a la nave, y por muy poco es brutalmente arrastrado por la ola de varios kilómetros de altura. Yo lo ví como algo inevitable, si bien es cierto, que el montaje de la escena da a entender que Doyle se para a mirar en numerosas ocasiones o que no se esfuerza todo lo que debiera en avanzar hacia la nave...

En cualquier caso debo decir que no me molestó su muerte, debido a su "rol Gordon-Levitt". Me explico: espero que hayan visto Inception (Origen). Bien, en esta película el personaje de Joseph Gordon-Levitt tiene la única función de explicarle continuamente a Ariadne (al espectador) el funcionamiento del mundo de los sueños. Da igual que sea una tía formada para ello, en un mundo en el que la gente acepta como cotidiano el conectarse a un aparatito para sumirte en sueños a la carta, Joseph te lo va a explicar todo con pelos y señales. En Interstellar, el personaje de Wes Bentley cumple la misma función de un modo que rechina demasiado. ¿Es coherente enseñarle principios básicos de astrofísica y relatividad a un ingeniero expiloto de la NASA? Aquí es donde Nolan mete el gambón a la plancha, precisamente en su afán por atraer (en este caso, no perder) al mayor número posible de espectadores a su secta. Todo ello a costa de quitarle solidez al personaje de Cooper, que debería haberle soltado un mamporro a Doyle cuando le explica cómo funcionan los agujeros de gusano. Lo siento por la audiencia que requiera las cosas mascadas, y me alegro de que Doyle y sus consejos prácticos de ciencia abandonen pronto la película.



Llegamos aquí al gran mensaje humanista con el que el guión de Nolan nos alecciona. Vuelven a la nave, en cuanto consiguen sobreponerse al mega tsunami y se encuentran con el cuarto astronauta en discordia, el físico Romilly, para descubrir que han pasado 23 años por el incidente en el planeta. No voy a entrar a criticar lo pancho que encuentran a Romilly, que se ha tirado solo todos esos años sin perder los anillos (el polo opuesto de lo que veremos que se ha visto afectado Matt Damon), y además goza del don  "Jordi Hurtado" de la inmortalidad. La clave la tenemos a continuación, en el momento más interpretativo de Anne Hathaway. Cooper cabreado por el fracaso que les ha llevado a perder décadas y por el mensaje rencoroso que recibe de la ya adulta y científica de la NASA Murphy, entra a debatir cuál será su siguiente movimiento. Amelia, que había ocultado que tenía una relación sentimental con el astronauta enviado al planeta "Edmunds" (su nombre), opina que deberían dirigirse a ese planeta. Cuando Cooper la acusa de ser subjetiva en su proposición, ella honestamente aboga estar movida por sus sentimientos y que estos la llevan impulsando toda la misión a tomar esta decisión. En una análisis simplista argumenta que puede que el amor sea una conexión mística con el universo: "el amor es la única cosa que somos capaces de percibir que trasciende el tiempo y el espacio".

Quedará muy bonito, incluso Hathaway nos lo transmite de forma muy convincente, pero ¿está el género de ciencia ficción, que se apoya siempre en el método científico, preparado para esta clase de reflexiones que rozan la banalidad? Creo que los que focalizaron su frustración por la ñoñería de la película se equivocaron en señalar a la relación padre-hija. Nolan quiere decirnos que el amor es una variable fundamental del universo, y es origen y escenario de una quinta dimensión perteneciente a la raza humana que nos permite alcanzar el infinito del espacio y del tiempo. Y si antes sacrificó la credibilidad del personaje de Cooper por hacer "entendible" la teoría, ahora sacrifica los dos personajes femeninos con el pretexto de esa idea. Sencillamente no me pega que dos tías con tal alta formación y preparación (científicas de la NASA), sacrifiquen la lógica, la compostura y su capacidad de actuación, quedando subyugadas a la iniciativa de "sus hombres". En este sentido Gravity sí es superior, ya que el personaje de Sandra Bullock es coherente con su entorno y "solidifica" el guión. Eso sí, pensemos en la ambición de Insterstellar y comprendamos las dificultades de presentar un guión sólido y fiel a los elementos sorpresivos y trascendentes de Nolan.

Veremos más adelante, con el "teseracto", la dimensión humana en la que entra Cooper, la profundización en esta idea y el desenlace de la trama. Y es que no todo puede ser innovación, y la entrada en el planeta Mann junto con el rescate de la hibernación criogénica a la que se había sometido el doctor Mann (Matt Damon), nos brinda uno de los clichés básicos de la ciencia ficción: la demencia espacial. Existen tres elementos malvados básicos en las historias espaciales: la raza alienígena hostil, la inteligencia artificial que se vuelve en contra del ser humano y el propio ser humano llevado a la locura  por su exposición al vacío negro entre las estrellas. Interstellar, aunque nos hace sospechar de una posible traición por parte de los robots TARS y CASE, nos da una buena ración de lo último con un brillante doctor Mann que ha caído en la versión más vil y cobarde del ser humano. Poco más que añadir a un conjunto de escenas de gran tensión muy bien llevadas, en las que Romilly muere asesinado y Cooper casi se queda degustando la inerte atmósfera de Mann a puerta gayola.

¿Poco más que añadir? ¿Seguro? Preguntémonos: ¿Está justificada la reacción del Dr. Mann? Pues si lo analizamos detenidamente, no mucho. Resulta que el científico más brillante de la Tierra se presenta voluntario para una misión de reconocimiento sin retorno a un planeta desconocido y, una vez metido en vereda y atormentado por la soledad, resulta que quiere aferrarse a la vida del modo que sea. Viéndose atrapado en un planeta yermo sin posibilidades para la vida (pero con una peculiar atmósfera con grandes nubes de hielo flotantes), Mann envía datos falsos de un planeta prometedor y se mete en el arcón congelador a esperar que alguien acuda a él antes de que se caduque, cual calipo de fresa. Hasta ahí, podemos comprender sus motivaciones. Pero una vez te rescatan (interesante reacción la que tiene al volver a tener contacto humano, no como el sinsangre de Romilly), ¿qué necesidad había de continuar tú sólo la misión matándo a todos los demás, y perdiendo recursos importantes? ¿No podía simplemente decir "chavales he mentido, quería vivir, ¿lo intentamos con el último planeta? Gracias por rescatarme"? ¿Que se pensaba, que lo iban a matar por ello? Tendremos que contentarnos con pensar que el pobre Matt Damon estaba realmente tarumba, ya que tras tantos años de entrenamiento en la NASA vemos que se había olvidado de las consecuencias lógicas y devastadoras de la despresurización en el vacío.



Con la nave Endurance hecha unos zorros, y mientras Amelia y Cooper hacen balance de daños, la acción vuelve a un planeta Tierra más inhóspito aún en el que Murphy trata de descifrar la ecuación que permita los viajes espaciales de larga estancia y ocupación, la última esperanza de los que habitan en la Tierra (aunque el profesor Bran dijera en su lecho de muerte que era imposible de hallar). Creo que aquí todo el fundamento científico en el que la película dice basarse es más inconsistente que nunca: ¿realmente una ecuación es el mayor problema para evacuar una colonia humana del planeta? Veo que omitimos los medios materiales, económicos y la propia capacidad tecnológica, pero como dije antes no he venido a cuestionar esos asuntos, del mismo modo que nunca he querido cuestionarme la forma en que explota la Estrella de la Muerte.

Sí voy a cuestionar las motivaciones del hermano de Murph, el primogénito de Cooper, que está llevando la granja mientras ella investiga en la NASA. Situación: viene su hermana de visita, ve el estado de salud de su sobrino (cough gough master), y les sugiere llevárselo para que le den un tratamiento para los problemas respiratorios causados por el creciente polvo en el aire. En este momento, el majete de Tom Cooper (Casey Affleck) se convierte en un troglodita sureño radical cristiano y le entran ganas de disparar a cualquier cosa que huela a ciencia. Puedo entender que el señor Nolan se sienta incómodo con esas personas que se niegan a vacunar a sus hijos, pero esta no era la mejor forma de criticar a determinados colectivos que no han sido agraciados con el pensamiento lógico. No encuentro coherente la reacción violenta de este personaje, que pasa de 0 a 100 de dar un abarazo de bienvenida a su hermana, a echarla de su casa, amenazarla y agredir a su medio-churri que la acompaña. ¿Por intentar salvarle la vida a su hijo? Vale, el colega ha perdido a un padre que le dejó tirado por irse al espacio y ha enterrado a su mujer por tos polvorienta, pero ¿es motivo suficiente para que una persona rehuse de la medicina como único medio para salvar o alargar la vida de su hijo enfermo? Era necesario crear un conflicto, sí, pero no se lo han currado y es uno de los defectos más grandes que se pueden atribuir a esta película, y no la supuesta verosimilitud científica. La tensión acumulativa tan propia de Nolan, que tan fínamente hila y encaja cual mecanismo de relojería en Origen o en la trilogía del Caballero Oscuro, aquí me resulta cómica hasta cierto punto: "¡Distrae a mi hermano, que está enajenado con la ciencia, que tengo que comunicarme en morse con mi padre a través de esta estantería!"

Sí, no puedo sino relamerme de forma agridulce con esta conclusión del film. La nave está cascada, y para que lleguen al último planeta deben soltar lastre. Pues alah, Cooper y uno de los robots, se eyectan hacia el agujero negro. Ojo, no podían ser los dos robots, no sea que Cooper y Amelia acabaran follando y perpetuando la especia de forma natural... No, tenía que irse Cooper. Y ahí estamos, el viaje trascendental que iba a explicar el origen y significado del portal interestelar que se había creado para salvar a la humanidad, resulta ser... Una sección infinita de muebles de dormito de Ikea.

Cooper se encuentra flotando en una red infinita de puertas temporales a la habitación de Murph (o al menos ese gran pasillo coincide con esa posición). Al ser consciente de ello y de que el robot que le acompaña ha descubierto la ecuación de Brand al contactar con el agujero negro (cogidito todo con pinzas de arrancarse los pelos de la napia), Cooper intenta histéricamente de contactar con Murphy. Damos así explicación a las manifestaciones del "fantasma", que la niña le hubiera oído decir que se iba a quedar, y cómo se había indicado a sí mismo la situación de la base de la NASA en el pasado. Y finalmente, se encuentra cara a cara con la Murphy adulta del presente, con la que consigue interactuar para enviarle la ecuación. ¡Eureka! Ella perdona a su padre y se ponen manos a la obra para escapar del planeta. Sí, uno de los grandes interrogantes del conocimiento, la llamada ecuación de Brand, se pasa vía morse en cuestión de segundos. Con dos cojones, ni Whatsapp ni ostias.

No analizo mucho más, de lo que ya resumí de la película en la sinopsis. Un final medio abierto, ya que no hay mucho más que contar. Cooper reaparece mágicamente para ser recogido por la colonia humana que viaja hacia el nuevo planeta. Reencuentro con Murph anciana en el lecho de muerte, despedida, y Cooper roba una nave para adelantarse en busca de Amelia, seguramente con mi reflexión de por qué no se quedó con ella haciendo niños de forma perpetua en el planeta de Edmunds.


CONCLUSIONES

Bien. Aunque pueda parecer que he acabado siendo muy criticón y negativo con la película, pera mí el resultado global es positivo. Partamos de que es una película ambiciosa, de hecho tan ambiciosa que resulta muy difícil sostenerla sin recurrir a determinadas inconsistencias. Estas inconsistencias son lo suficientemente grandes para enervar a algunos fanáticos, por un lado de la ciencia ficción, y por otro del propio Nolan, más si cabe en los fanáticos de ambos. Por otro lado, para los entusiastas de la película que intentemos ser un poco objetivos, estas trabas impiden que hablemos de una película redonda.


Nolan ha pretendido romper los pilares básicos del género, que por lo general abordan un escenario desalentador y negativo en el sentido de nuestra insignificancia ante lo desconocido. Insterstellar, por su parte, se apoya en los siguientes principios dando lugar a una lectura en contracorriente:
  • El planeta Tierra es único y maravilloso.
  • La humanidad de principios de siglo XXI ha terminado de destruir el preciado regalo que es nuestro planeta.
  • Para lo bueno y lo malo, la sociedad superviviente reniega de los que han cometido esa atrocidad. Para lo bueno, porque se basan en la sostenibilidad y el equilibrio; para lo malo, porque rehusan de la investigación científica.
  • El ser humano es único y maravilloso, y si se vuelca en la ciencia, no tendrá límites.
  • El amor es la quinta dimensión del universo.
En este universo, en el que Nolan vuelve a jugar con el paso del tiempo (como ya hizo en Memento y Origen), la humanidad es infinita en existencia y conocimiento, consigue atar la variable temporal a su antojo para salvarse a sí misma. Resulta que los elementos desconocidos y desconcertantes que se van introduciendo a lo largo de la película acaban por ser una manifestación de ese ser humano futuro pentadimensional o el propio Cooper que ha trascendido a ese nivel casi incomprensible y se manifiesta en el pasado (tocando a Amelia cuando viajan en el tiempo o a través del armario con Murph).

El caso es que, con la intencionalidad de mostrar un universo humano que resulta positivo en última instancia puesto que no perecemos, sino que trascendemos a un nuevo plano, resulta paralelamente muy muy descorazaonador: estamos solos. No hay, pues, elemento desconocido. 2001 tenía el monolito, Contact o Encuentros en la tercera fase tenían una raza alienígena infinitamente más avanzada en comprensión y tecnología que nos iban a tutelar, miles de películas nos han hablado de alienígenas semi-dioses que llegan aquí para destruirnos, incluso el universo de Guardianes de la Galaxia tiene un origen y un pasado desconocido entre las miles de razas y culturas que lo habitan. Otras películas, como Misión a Marte, Gravity, Sunshine, Planeta Rojo, etc., hablaban de la superación del ser humano para sobrevivir contra una adversidad extraplanetaria.
No llegaban a reflexiones tan amplias; no tenían, a fin de cuentas, la pretensión de ser trascendentales. Pero lo que Cooper descubre en Insterstellar es que somos nosotros mismos los que marcamos nuestro destino y que no hay ninguna fuerza más grande que nosotros mismos. Un antropocentrismo radical que le resta sentido a la cosmovisión típica de la ciencia ficción.

Sin embargo, en esencia, lo más recurrente en la ciencia ficción es nuestra predilección a ser el ombligo del universo. Los alienígenas siempre vienen a destruir la Tierra (ejem... perdón, a EE.UU.), a abducirnos, a ser testigos de revelaciones cósmicas... Insterstellar viene a alimentar el ego más arraigadamente programado en en nuestro cerebro y en nuestra naturaleza: la conquista total de nuestro entorno. Si en este viaje podemos soñar con visitar otros mundos a bordo de naves extremadamente avanzadas y robots humoristas "full equiped", ¿qué más podemos pedir los que miramos hacia las estrellas mientras nos sentimos la cosa más pequeñita del universo?