jueves, 28 de mayo de 2015

[Microrrelato] Errantes



Resultaba difícil determinar si el chico que le recibió tenía una estampa de seriedad o de melancolía. Quizás era un conjunto de ambas, pero bajo su traje y su actitud de profesionalidad, su mirada declaraba un indudable manifiesto con respecto a su trabajo. Probablemente le sacaba cuatro o cinco años... Aparentaba la edad habitual en la que te enfrentas al desengaño del funcionamiento real de las cosas.  Formar parte de una de las manos ejecutoras que hacen posible ese funcionamiento puede suponer un trago difícil de asumir. 

   Dicen que los médicos establecen un escudo para separar su trabajo de la implicación personal que puede desarrollar con un paciente. Evitar prudentemente cualquier lazo estrecho que los vincule emocionalmente. Trabajar en los recursos humanos de una ETT debía, a priori, exigir el mismo ejercicio. Barajear a diario los currículums vitae que, al fin y al cabo, no contienen otra cosa que las esperanzas depositadas por cientos de personas, sólo puede encallecer la moralidad. A este chico, sin duda, le faltaban aún kilómetros para desligarse de parte de esa moralidad. Kilómetros para afrontar con indiferencia todas las caras que van y vienen a diario. La cara de ese día es posible que tardara más tiempo en olvidarla.

—Buenos días Adrián, me llamo Mario Ortega, hablamos por teléfono ayer— dijo tendiéndole la mano.
—Buenos días Mario, encantado —dijo a su vez Adrián estrechándole la mano con firmeza.
—Oye, qué puntualidad, ¿eh?
—Por supuesto, es lo mínimo —añadió una mueca que reforzara el apretón de manos.
—Muy bien, pues acompáñame a una sala —dijo con una cordial sonrisa mientras apuntaba hacia una puerta del pasillo con la mano que sujetaba una carpeta y un bloc de notas—, por aquí. ¿No te importa que te tutee, no? —comentaba durante su avance— Yo es que lo prefiero en estos casos.
—En absoluto —contestó Adrián tratando de ofrecer una sonrisa sincera y equiparable a la de su entrevistador.

   La oficina no tenía ningún particular a destacar. Mismas paredes modulares, mismos falsos techos, misma luz blanca de fluorescente, misma moqueta gris, en esencia, teñida de un color corporativo que en ese momento no recordaba. En la sala de reuniones, una larga mesa y doce incómodas sillas acolchadas, albergaba un portátil conectado a un proyector apagado. El ambiente estaba cargado por el ir y venir de gente, y la ausencia de ventilación propia de dichos edificios.

—Siéntate, por favor —dijo Mario en un tono que trataba de emitir confianza. Una vez que Adrián tomó asiento en una de las sillas centrales, procedió a sentarse en frente—. Bien Adrián, te voy a contar un poco en qué consisten las funciones del puesto que queremos cubrir, así como las condiciones que tenemos pactadas con el cliente. Perdóname si voy muy rápido, pero tengo una reunión en quince minutos, de estas que salen imprevistas, ya sabes... —otra vez la sonrisa de complicidad previa a continuar con la exhibición de su competencia discursiva de alta velocidad—. Como te comenté por teléfono, somos una empresa especializada en outsourcing y consultoría y tenemos un pequeño grupo prestando servicios administrativos en IberServ. Ahora mismo necesitamos sustituir un perfil un poco específico; principalmente sería ocuparse de la documentación, el papeleo... —añadía gesticulando aburrimiento— Ah, y también hay una estantería de revistas y libros que la gente del departamento tecnológico consulta de vez en cuando. Habría que tenerlo todo un poco controlado, para agilizarles el trabajo y tal, así como realizar informes y ocuparse de alguna digitalización... —el discurso aparentaba originalidad, hasta parecería espontáneo a los ojos de quien no suele enfrentarse a la situación—. Sería un contrato por obra y servicio, ahora mismo no hay una duración determinada para el proyecto, pero de momento el cliente está contento con el trabajo del grupo y el servicio lo van a seguir necesitando indefinidamente —dijo alargando una pausa mientras consultaba los impresos que llevaba en su carpeta—. Bueno, como hemos visto en tu currículum, has tenido experiencia en muchos ámbitos. ¿Me podrías hacer un extracto para resumir tu experiencia en puestos similares? —miró al reloj por primera vez antes de devolverle la mirada.

—Eh, sí, claro. —contestó Adrián sintiendo que se encontraba en una posición más cómoda de la que el momento precisaba— Trabajé nueve meses como auxiliar administrativo en la Fundación CNIC, fundamentalmente suministrando información específica a investigadores, algo que veo que guarda mucha similitud con el puesto que me comentabas —pausó quizás en exceso— ¿Te puedo tutear, verdad?
—Sí, por supuesto —dijo obviando rápidamente la incomodidad del momento—. Veo que eres licenciado en filosofía, y más adelante hiciste un módulo de informática. Menudo cambio, ¿no? —aplicando un tono más estrecho y sincero.
—Sí... —su mirada volvía a enfrentarse, aburrida, a una pregunta recurrente—. Suelo decir que estudié lo que quería y elegí otra vía en la que profesionalizarme. Aunque no me quedé simplemente ahí...
—Efectivamente, veo que tienes mucha formación complementaria, mucha experiencia en distintos campos... Un perfil multidisciplinar, vaya —otra mirada al reloj delataba su impaciencia—.
—Eso es lo me gusta pensar... —dijo Adrián en un arrebato de sinceridad—.
—¿Sólo te gusta pensarlo? —empezaba a resultar molesto el abuso de la sonrisa, socarrona ya, sin duda—. Afírmalo sin más, hombre. Es difícil aprovechar tan bien el tiempo.
   La entrevista se vio interrumpida por el poco melodioso repiqueteo de unos nudillos contra la puerta. Sin espera de una respuesta, irrumpió en la sala un hombre bajo, prácticamente calvo a excepción de una nuca cana, llevando unas gafas de diseño con montura fina y la denotada intención de evidenciar que no eran válidas para todo tipo de carteras.
—Mario tenemos la reunión, ¿llevas lo que te pedí?
—Sí, lo tengo en mi portátil —se pausó mirando a Adrián, consciente de la pleitesía que habían adquirido las notas de su voz—. Ahora mismo estábamos terminando con la entrevista...
El hombre dirigió su mirada a Adrián, mientras sus facciones se tornaban en un gesto de fastidio. La puerta seguía abierta, dejando entrar el creciente bullicio de la oficina. Se volvió hacia Mario:
—¿Pero esto no estaba cerrado?
Mario debió cruzarse con la mueca perpleja de Adrián antes de contestar apurado.
—Aún faltaban por entrevistar a algunos seleccionados, y...
—Vale, vale —interrumpió nuevamente el recién llegado como algo habitual en su actitud—. Hacemos una cosa, vete a por el portátil y espérame en la sala. No sea que hoy les dé por ser puntuales —tornándose hacia a Adrián, pero manteniéndose cercano a la puerta—. Ya terminó yo con la entrevista.
—Eh, muy bien.
Mario se levantó y, en un arrebato de lucidez, puso fin al desinterés con el que estaba siendo tratado Adrián.
—Adrián, te presento a Miguel Ángel Viñas, es el director de área.
El tal Miguel Ángel se puso una máscara de hombre afable en cada paso que avanzaba, mientras Adrián, a su vez, se levantaba para saludarlo sin olvidar la reciente ausencia de escrúpulos.
—Encantado —dijo Adrián.
—Muy buenas —concedió el hombre durante el apretón de manos y se dirigió nuevamente a Mario, que se preparaba para irse—: Mario, quédate mejor. Continúa con la entrevista mientras echo un vistazo al currículum.
Sentándose en el asiento más cercano a la puerta, y presidiendo la mesa, el señor Viñas ojeaba rápidamente los papeles de Mario.
—Sí, claro —volviendo a ocupar su posición, Mario prosiguió dubitativo—: Me comentabas, Adrián, que ya habías trabajado como administrativo, ¿no es así?
—Sí, además de en la fundación CNIC, estuve realizando tareas prácticamente iguales a las que solicitáis en una empresa química en Alcobendas. En cuanto a aptitudes, domino todas las aplicaciones de ofimática, nivel alto en Excel, he usado software de gestión de proyectos...
—Muy bien, muy bien —volvió a interrumpir el director de área, tras haber manifestado gran variedad de gestos despectivos mientras leía el currículum y con la intención de zanjar el asunto—. Dinos, ¿qué es lo que puedes ofrecer por la empresa?

   Esa misma mañana mientras se dirigía a esa oficina ubicada en el otro lado de la ciudad, costeándose una vez más el transporte, Adrián había pactado consigo mismo un acuerdo sin ser plenamente consciente de ello. Lo había meditado demasiado en los últimos meses, el hastío había amasado por sí mismo un plan, como un sueño intermitente que le iba ahogando. Pero no fue hasta ese preciso instante, con esa maldita pregunta que había oído demasiadas veces, cuando la decisión fue clara, liberándole del peso creciente de su desazón. Aunque sardónica, se le dibujó una sonrisa.
—Dígame, ¿y qué es lo que la empresa puede ofrecerme a mí?
Seguramente poco acostumbrados a mediar en un tira y afloja, jefe y subordinado enmudecieron mientras sus labios se separaban tímidamente. Adrián prosiguió con una tranquilidad desafiante:
—¿Un contrato temporal de setecientos euros brutos al mes?, ¿una disimulada amenaza de que si no hago las horas que hagan falta, habrá muchos ahí fuera interesados en mi puesto?, ¿o quizás una absoluta desconsideración hacia mi persona, siempre y cuando disfruten de los beneficios de mi contratación?
Al señor Viñas le debió parecer divertida la pequeña muestra de dignidad, ya que anticipó una risita con tono de chanza antes de contestar.
—Con esa actitud, ya te digo que es difícil que encajes aquí.
—Si no le importa, me va a tratar de usted. Y con esta actitud lo único que he conseguido en la vida han sido trabajos plagados de abusos y humillación —esta vez el tono de Adrián iba cargado de algo más que de desafío.
—Bueno, la entrevista ha terminado. Te voy a tener que pedir que te vayas —dijo el señor Viñas levantándose e invitándole a salir con la mano.
—No, le pido a usted que se aparte de mi camino a la salida.
La perplejidad de Mario por la ruptura de la rutina, lo evidenciaba su silencio mientras seguía a Adrián con la mirada en su partida.

   Salió del metro para abrigarse, por fin, en el barrio. El mismo barrio que le vio crecer, parecía mirarle ahora con una premonitoria nostalgia. A pesar de su determinación, la tristeza lo embargó, y en lugar de dirigirse directamente a casa, caminó en dirección contraria. 

   En su reproductor de música, como por obra de una sincronización astral, sonaba La M.O.D.A[1]:

« [...] El camino no va dónde tú quieres llegar,
como Jack Kerouac, siempre contra el viento.
Aquí nunca es buen momento.»
   Caminó sin rumbo, ensimismándose con cada pequeño detalle que engloba la personalidad de ese concreto hábitat urbano. Las telarañas de cables y tuberías de gas que escalaban las fachadas de las distintas colonias, como testimonio de su edad, parecían completamente nuevas a sus ojos.
   «¿Cuando habían cerrado esa panadería?» pensó al toparse con el local vacío en ese cruce de la calle Maqueda, el mismo en el que años atrás compraba globos de agua para jugar en el parque hasta el atardecer en los veranos de su niñez. Otra generación de chavales, 10 años más joven que él ahora, frecuentaban ahora el parque y los portales en menor número. Algunos parecen esperar su momento entre porros, cerveza y fútbol. El estudio les parecía inútil, y la construcción dejó de darles cobijo hace años. Viven esperando a que pase algo… «¿Qué será del barrio, qué será de ellos?, ¿qué será de todos nosotros cuando descubran que nada va a pasar?».
   Casi le parecía egoísta la decisión que había tomado. Su padre le abrazó fuerte, su madre no hizo ningún esfuerzo por evitar que las lágrimas cayeran. Los amigos perennes apostaron por el “hasta pronto” para ignorar a sus fantasmas.
   Partiendo hacia el aeropuerto, una última mirada. Se prometió volver, siempre y cuando las personas volvieran a importar.
   «Adiós. Espero que algún día vuelva a haber sitio para nosotros» , se dijo para sus adentros. En su reproductor sonaba "Ready to start"[2] de Arcade Fire.

   ¿Estamos listos para empezar de nuevo?



[1] La Maravillosa Orquesta del Alcohol. “Nómadas” ¿Quién nos va a salvar? Mús Records, 2013.
[2] Arcade Fire. “Ready to start”. The Suburbs. Mercury Records, 2010

viernes, 13 de marzo de 2015

[LOVE] Trascendestellar


Para aquellos que a menudo nos vemos sobrecogidos por la efimeridad de nuestra existencia y nuestra irrisoria huella sobre la enormidad del universo, 2014 nos trajo una perita en dulce. Christopher Nolan volvía a orquestar un nuevo largometraje. Un largometraje coescrito nuevamente con su hermano Jonathan (quien inicialmente iba a dirigir el proyecto como opera prima), con la pretensión de establecer un nuevo hito homenaje al cine de ciencia ficción.
Cierto es que no han elegido el momento idóneo, tras el éxito desmedido de Gravity en el ejercicio anterior. La academia y su séquito no suele repetir en eso de premiar géneros o personajes de moda, y ciertamente hemos podido ver esa posible injusticia, comprobando la lista de nominaciones y premios, casi todos técnicos, recibidos en los principales certámenes de premios del séptimo arte.

¿Quizás demasiada ciencia ficción para el pecho en pocos meses? Puede ser, pero en opinión del piltrafilla que aquí escribe, la obra de Nolan es superior a la de Cuarón. Ojo, no me confundan con ese homo sapiens arquetipo al que se le ponen duros los pezones con cada película de Nolan. Siempre me han rechinado demasiado las particularidades de este señor, en concreto su afán porque sus obras aspiren a sobrecoger al mayor número de almas posible, aunque por el camino se lleve por delante a los que le hemos calado en su declaración privada de intenciones. Nota: Sacaré la mierda de su sección de perfumería más adelante, para el caso que nos toca.

Me gustó Gravity. El mensaje es claro: "señores, no olviden que el espacio no es para mariquitas" (ni para mujeres débiles, en este caso). Ni para mariquitas, ni para bichos unicelulares que sobreviven en el magma. El espacio es muerte y estamos infinitamente alejados de cualquier perspectiva de domarlo a nuestro antojo, como hacemos con nuestro pisito de soltero que es la Tierra. Pero ahí se queda, otro incidente marcado en negrita para la historia de la carrera espacial, otra evidencia de nuestra fragilidad en el vacío, eso sí, espectacularmente mostrado. La mayor de las reflexiones que puede suscitar Gravitiy es si Sandra Bullock emite los mismos gemidos ahogados en gravedad cero que cuando practica sexo anal con F=m.g en Los Ángeles. Bueno, vale, admitamos cierta evolución en su determinación por sobrevivir.



Le película de Nolan de este 2014, por el contrario, nos deja alguna reflexión más. Una necesidad de seguir masticando después de que aparezcan los créditos finales. No me refiero, a las reflexiones obvias que Chrisito (sí, me gusta llamar a Nolan como al hijo de Chris en Lock & Stock, gilipolleces mías), nos deja como zanahorias colgadas delante de la jeta de un asno, para que los espectadores menos sagaces salgan de la sala regodeándose en su propia inteligencia. No; debajo de este film quiero descubrir más cosas, intencionadas o no por parte de sus guionistas asesorados por la NASA, cosas que semanas después de su visionado me siguen asaltando y transmitiendo un ansia viva por volver a deleitarme con la obra en su conjunto. Metidos ya en el 2015, no me queda otra cosas que decir que con esta, esperaba la película de 2014, y debo admitir que la encontré.

Si han llegado hasta aquí sin reprimir las naúseas, agárrense, porque les propongo formar parte de un viaje hacia las estrellas. Un lugar en el que descubriremos que una de las sustancias esenciales del universo las llevamos en nuestras entrañas, en un arrebato de ego humanista omnipotente.

Les propongo lo siguiente: hagan clic aquí y déjense invadir por la armonía trascendental de la banda sonora del evento cinematográfico que aquí nos ha traido. Escuchen. Avancen hasta la posición 02:51 de la pista y escuchen. Déjense llevar. Escuchen.





El viaje es inevitable. Ahora no hay vuelta atrás.




Pero, escuchen, escuchen mientras se prepara la cuenta atrás.




Comprobaciones positivas. Todos los niveles correctos.





¿Preparados para despegar?






10


...


9


...


8


...



7


...


6


...


5


...


4


...  (ALERTA DE SPOILERS Y BASURA ESPACIAL EN EL VECTOR DE SALIDA) ...


3


...


2


...


1


...


Qué cabeza, he olvidado nombrar el origen de esta entrada. He venido a destripar:


¡IGNITION!




He calculado que aproximadamente el 60% de los que continuáis leyendo habéis vomitado violentamente, y no por haber escapado de la atracción gravitatoria terrestre y haber perdido la protección de la magnetosfera, sino por el bochornoso recurso estilístico utilizado miserablemente para captar vuestra atención.

¿Os sentís engañados? ¿Como si os hubiera contado una historia mucho más trascendente de lo que en realidad es? Enhorabuena, habéis asistido a una "nolanización" de manual. Es lo que Nolan practica perversamente con su espectador en cada película utilizando esos crescendos descomunales complementados con la banda sonora. Si no te dejas embaucar, y eres un intransigente de las inexactitudes científicas y la verosimilitud, Interstellar puede resultar una galería de momentos super-mega-trascendentales con los que no empatizas. Y es que aquí, Nolan se ha dejado llevar por su propia técnica y cada fracción argumental termina que una explosión de intensidad trascendente que amenaza con destruir nuestros tímpanos y dejarnos el bulbo raquídeo al aire completamente desnudito.

Trascendencia. ¿Qué pasa cuando el director de los momentos épicos por antonomasia hace una película sobre el trascender del ser humano a nuevos planos? Que si te dejas embaucar por su grandilocuente historia, a pesar de algunos errores de base e información insistentemente mascada, los momentos trascendentales pueden adquirir proporciones épicas y te meten de lleno en este homenaje al cine de ciencia ficción espacial, encauzado en la historia de amor entre un padre y una hija que salvarán a la humanidad (primer mini-spoiler en la cara).
Dejarse embaucar, por tanto, depende en gran medida por tu predilección por el género y particularmente por el grado de empatía que tengas con el 2001 de Kubrick, o en contraposición, depende de tu devoción subjetiva por el cine de Nolan (una gran parte de los espectadores, sus boyfans). El que viste y calza (por lo menos entre semana), es un prototipo estándar del primer grupo y miembro simpatizante del segundo, por lo que podéis entender que en la sala de cine estuviera dos horas babeando con la piñata abierta cual presa de pantano. La historia me permitió pasar por alto sin complicación, las inconsistentencias y las licencias del director.


Continúo para los embaucados que, acompañados de la banda sonora de Hans Zimmer (notable a pesar de seguir la misma "nolanizada" línea), os hayáis sentido saliendo empujados hacia las estrellas como Matthew McConaughey. Y no sería la primera vez que el muchacho ve las estrellas...




Pongámonos sobre el terreno. Resumámos, sin limitación de spoilers, el film y luego pinchemos donde hay que pinchar, porque hay muchas, muchas inconsistencias (no sólo para con lo plausible aunque no me las voy a dar de astrofísico como tantos criticones de medio pelo, sino también de guión). *Nota: Podéis avanzar al análisis y las conclusiones si habéis visto la película y os ha quedado clara.


MI SINOPSIS

En un futuro cercano, nos topamos con un planeta Tierra moribundo. Una plaga no identificada está acabando con la vida vegetal y con el oxígeno, con el resultado de que todos los esfuerzos se centran en preservar los cultivos en un planeta cada vez más polvoriento y lleno de tormentas de arena. Muchos gobiernos han caido y se da a entender que la población se ha visto diezmada por numerosas crisis. Alabado sea Dios, el gobierno de los EE.UU. sigue en pie sobreviviendo a la extinción con fuertes programas de agricultura y sostenibilidad. Da igual tu formación anterior al declive, ser granjero es lo más importante. Con este pretexto enmarcamos a Joseph Cooper (Matthew McConaughey), un antiguo ingeniero y piloto de pruebas, viudo, con dos hijos y cargando con John Lithgow de suegro. Actualmente un miembro activo de la sociedad como granjero. Y amargado. Amargado por su existencia como cavador de zanjas y atrapado en un mundo que no necesita su formación y su pasión (esto me suena y no es el futuro), que es volar y el espacio. Mira hacia arriba en busca de respuestas, pero sobrevive como hacen todos, y por sus hijos. Su hijo tiene dotes para el cultivo y el campo. Será un buen granjero del maíz hasta que también se extinga. Pero su hija Murphy (Mackenzie Foy)... Ella es inteligente, creativa, curiosa... Tiene problemas en el colegio, porque no le basta una educación básica, ella aspira a más. Pero en un planeta que se está muriendo no hay lugar para los intelectuales... ¿O sí?



Un "hilado por los pelillos del bigote" fenómeno inexplicable ocurre en la habitación de Murph. Se oyen ruidos, se caen objetos... Ella lo llama "el fantasma". Cooper se queda con el ojete torcido al ver que esta anomalía les manifiesta unas coordenadas concretas sobre el polvo del suelo (no es que sean guarretes, es que hay mazo polvo everywhere primo). Deduciendo que se trata de una alteración magnética deliberada, se entusiasma con la idea de que esas coordenadas le revelarán a algo o alguien que está al nivel de sus expectativas. Ni corto ni perezoso se planta en una base secreta que alberga una oculta NASA, dirigida por el el profesor Brand (Michael Caine) junto a su hija Amelia (Anne Hathaway). Allí le soltarán una revelación trascendental: el planeta se muere sin solución y el gobierno financia en secreto a la NASA y su proyecto para huir de la Tierra e instalarse en otro planeta. El secreto se debe a que la población observaría como un despilfarro invertir en la agencia espacial (pullita de Nolan a la situación real actual del programa espacial norteamericano).

Curiosamente no se insiste mucho en dilucidar cómo Cooper aparece allí justo en el momento en el que tiene una vacante de piloto para la misión más importante de la humanidad. Un agujero de gusano (o portal interestelar) ha surgido misteriosamente cerca de Saturno, una puerta que se abre a un sistema solar similar con 3 planetas potenciales para albergar la vida terrestre. Ya se han mandado misiones de reconocimiento, pero no se pueden recibir comunicaciones desde el otro lado, por lo que es necesario un viaje más para confirmar el planeta adecuado y que parta una colonia desde la Tierra. Cooper no tarda mucho en decidir que debe unirse a una misión sin garantías de retorno y abandonar a sus hijos. Lo sabemos desde que miró hacia el cielo. Es su pasión, lo que está capacitado para hacer, y ahora carga con la responsabilidad de salvar a todos y darles un futuro. Pero Murph no lo entiende, le odia por abandonarle, y en contra de lo que le recomienda su suegro, Cooper les promete que volverá. Se va roto, Murph ni siquiera ha querido despedirse de él.

FIN DEL PRIMER TERCIO

Lo que resta de película se centra en la misión espacial. Cuatro tripulantes y dos robots con inteligencia artificial vacilona cargada al 75% de sarcasmo. Emocionante viaje a través del agujero de gusano, para llegar al nuevo sistema. Aquí entramos a saco a pisar terrenos fangosos, ya que Nolan va a jugar con el espacio-tiempo colocando un agujero negro en este sistema (y muy próximos al portal y a los planetas). Por esta estratagema que tanto juego dará a la película, restamos coherencia a la trama ya que ¿qué clase de viabilidad tiene un proyecto para colonizar un sistema con un agujero negro (por muy teóricamente rotativo que sea) que está condenado a autodestruirse? Prosigamos. No es hasta llegar allí cuando identifican las distintas alteraciones temporales que el agujero negro ejerce sobre cada planeta. En resumidas cuentas, el descender a un planeta, les supondría una ralentización del tiempo en comparación con lo que está fuera de la atracción del agujero negro (tranquilos, Nolan al igual que en Origen, utiliza a un actor para explicar todo todito a quien no sea capaz de comprender la relatividad). El caso es que eligen el planeta con mayor transcurso de tiempo al peso y la cagan para bien, no sólo encuentran un mundo acuático sin superficie sólida si no que pierden a un astronauta por un maremoto, retrasándose lo suficiente para perder 23 años al cambio en la Tierra.


Otro asunto curioso es que aunque no pueden emitir desde ese lado, sí que reciben información desde la Tierra. Cooper revisará toda una vida que ha perdido con su hijo, que ha tomado bien su rol de granjero, pero sólo recibe un único mensaje de Murph cargado de odio y rencor. Muy emotivo todo. Sobretodo cuando Michael Caine muere confesando que el transporte a gran escala desde la Tierra es imposible porque no han descifrado la ecuación necesaria para generar gravedad artificial y soporte vital en una gran estación espacial que albergue a miles de personas. La misión "Lázaro" de Cooper tiene en realidad, el objetivo de poblar el planeta con un plan B (una asombrosa "máquina" con toda la información genética de las especies de la Tierra capaz de "sembrar" la vida, que denominan la "bomba demográfica"). Murph cree que su padre se embarcó en la misión, a sabiendas de que jamás volvería, de ahí su renovado rencor. Cooper engañado, y tras el fracaso en el primer planeta, rompe una lanza y decide el rumbo del siguiente planeta (que según los datos recibidos tiene muchas papeletas para presentar estabilidad para la vida). Allí, sorpresa, se encuentran criogenizado con el primer enviado al planeta, el doctor Mann (Matt Damon), que está un poco aturdido por la soledad. Resulta que Maaaatt-Deimon estaba más que aturdido, ya que había enviado datos falsos sobre el planeta, que resulta ser completamente estéril, para que fueran a rescatarle. Como buen cobarde y sin mucha lógica, intenta matar a la tripulación y se dispone a robar la nave para terminar él con la misión en el tercer planeta. Otro momento espectacular, que recuerda mucho a Gravity es el accidente que Maaaatt-Deimon desencadena en la nave en órbita. Con ayuda de los robots, pericia y mucha peripecia, Cooper consigue salvar lo que queda de la nave. Sin embargo, para conseguir que Amelia llegue al tercer planeta, el bueno de Matthew se hace el héroe y se sacrifica arronjándose con un módulo auxiliar al agujero negro... (he ido muy rápido, lo sé).

FIN DEL SEGUNDO TERCIO

El momento de la trascendencia. O eso pensaba yo, cuando parecía que ibamos a ver un viaje similar al de 2001, en el que la mente de Cooper trascendería a un nuevo nivel hacia lo desconocido. No, aquí vuelve Nolan a hilar las semillitas que ha ido sembrando en la película. Cooper, en vez de morir totalmente destruido por el efecto del agujero negro, alcanza un plano extra-dimensional desde el cual es capaz de interactuar en el espacio y en el tiempo (aunque el espacio se limita a la habitación de Murphy). Así, Cooper se revela como "el fantasma" de la habitación de Murph y consigue enviar a su hija adulta el secreto de la ecuación de Brand (por morse, tócate los cojones), reconciliándose además con ella.


Magia Potagia, Cooper reaparece unos 80 años después de su partida en Saturno justo en la trayectoria de la estación espacial con la colonia humana que se dirige al nuevo planeta. Allí se reencuentra con una moribunda Murph nonagenaria, y se confirma la reconciliación y el amor padre-hija. Si Cooper no encontraba sentido en su vida en la Tierra, tampoco veia sentido en sentarse a esperar, así que decide partir en búsqueda de Amelia que, ignorante de todo, está estableciendo sola la "base de la vida" en el tercer planeta, Edmunds, que es el bueno.

FIN

ANÁLISIS

Revisionemos nuevamente de forma cronológica (si los agujeros negros nos lo permiten).


Al inicio de la película, hay un arranque estilo documental en el que unos abuelos hablan de la "época del polvo", con recuerdos nostálgicos sobre los tiempos de antes de la era de la plaga y las tormentas de arena en la Tierra. No se dónde he leído o escuchado que se trata en realidad de entrevistas reales a personas que vivieron los años de sequía conocido como "dust bowl" durante la depresión estadounidense. De hecho, parece que la ambientación (la granja, la casa de madera, esa fotografía polvorienta...) está sacada de Las Uvas de la Ira.
La idea es buena, y habría resultado interesante en el caso de seguir una narración apoyada en estos testimonios (pongamos de ejemplo la serie Hermanos de Sangre, o la estructura original de la novela Guerra Mundial Z). Sin embargo, no se vuelve a hacer referencia a este elemento hasta bien entrado el final, resultando que dichos testimonios están recogidos en un museo sobre Joseph Cooper, el salvador. No he llegado a comprender la función de este recurso, a pesar de lo curioso del detalle del "dust bowl".

El mundo distópico de Interstellar ha recibido muchísimas críticas, sobretodo en cuanto a que no se explica qué conflictos se han sucedido ni en qué consiste la plaga que acaba con la vida vegetal. Yo no considero relevante especificar lo que pasa, teniendo en cuenta la cantidad de distopías que se han llevado al cine de forma fallida, precisamente por recrearse en los orígenes y consecuencias del apocalípsis de turno. Sí me chirría que a estas alturas se siga insistiendo en que lo único salvable de la Tierra se sintetice y ajunte en EE.UU. Nolan nos los vuelve a poner de salvadores de la humanidad (su humanidad), como si actualmente la potencia aeroespacial no fuera la Federación de Rusia. Pero como alegato para defender la importancia de la NASA, ojo eso sí que lo aplaudo, le ha quedado muy bonico. Pero quizás, no bajo el amparo del gobierno estadounidense, que inexplicable e ilógicamente, ha disuelto al ejército. Por poco puntilloso que se quiera ser, no imagino un ejército como el estadounidense, disolviéndose sin más (sobretodo en un estado de inestabilidad social absoluta).

Otra crítica generalizada, incluso por parte de los boyfans de Nolan, es la supuesta "ñoñería" de la relación padre-hija. Señores, un buen ejemplo de relación paternofilial ñoña y sinsentido la tenemos en La Guerra de los Mundos, no sólo por el repelente personaje de Dakota Fanning, es que no hay quien se crea a ese padre (Tom Cruise) ni su inexplicablemente fría y hostil relación con sus hijos.
El trabajo de McConaughey y Mackenzie Foy es, sin embargo, muy notable. Primero porque conseguir un papel y una interpretación infantil que no sea cargante es bastante complicado y aquí se nos presenta a una niña verosímil y creíble para esa realidad, sin dejar de ser una niña; y segundo porque el carácter de Cooper no es el de un padre ñoño ni especialmente cariñoso, aunque transmita un amor profundo y sincero por sus hijos.
Luego también lees lo de "vaya padre, que deja a sus hijos para irse al espacio". Pues sinceramente, la impresión que se refleja es de dudar claramente que aceptara si no le dicen "o nos ayudas tú, o no estás condenando a morir a todos".

Quizás para mí los mejores minutos de la película son los que van desde la partida de Cooper, con su desgarradora despedida de Murph, hasta el salto por el portal interestelar. Destaco también cómo la música adquiere una inspiración marca John Williams, al mostrar fenómenos inexplicables (el fantasma y manifestaciones en el agujero de gusano), leves recuerdos de Encuentros en la Tercera Fase. En este tercio nos presentan a dos personajes claves, que sostienen toda la carga cómica de la película, los robots TARS y CASE. Las líneas de diálogo de estas inteligencias artificiales son tan breves como extremadamente efectivas en su sagacidad, y aportan una vuelta de tuerca a las concepciones más comunes de la robótica. Nolan juega con la predisposición del espectador a esperar un mal latente de los seres artificiales, para mostrar que resultan ser los compañeros más útiles y fieles, sin crear una excesiva dependencia de ellos. Si por un lado nos ofrece una IA completamente diferente a la del HAL 9000 de 2001: una odisea en el espacio, Chrisito nos la homenajea de otro modo, ya que la apariencia externa de estos robots cuando están plegados es tan sencilla como icónica: ¿TARS no os recuerda a cierto monolito?




La intencionalidad del homenaje a Kubrick podemos saborearla también en la música de Zimmer, y en el momento en el que Cooper se arroja al agujero negro de "Gargantúa". La primera juega para espectadores con oído, y la segunda con las expectativas de los espectadores curtidos en la ciencia ficción, como queriendo mostrar "soy Nolan, este es mi toque distintivo". Como luego profundizaré, esta marca está justificada por ser fiel a la idea principal de la película, si bien está muy cogida por los pelos y casi seguro acaba decepcionando a los aficionados del género.

Otra escena polémica es la del icónico planeta de los tsunamis, cuando muere el personaje de Wes Bentley (el de American Beauty). Partamos de este personaje, que no he destacado en la sinopsis. Doyle es el experto en geografía, por lo que se cumple una regla fijada en el cine espacial reciente: la palma fijo. Los expertos en geología, geografía, biología, están condenados a morir de la forma más estúpida o irritante posible (véase El Núcleo, Sunshine o Prometheus). ¿Doyle muere así en Interstellar? Para gran parte del público, así ha sido. Yo no opino que esta muerte sea todo lo estúpida que pueda parecer. Por mucho que el personaje de Amelia se obstine en recuperar la sonda, es el momento en el que identifican la ola gigante el que ya da por sentenciado a Doyle. Recordemos (parece que muchos no quieren) que la gravedad de este planeta es muy superior al de la Tierra, y ni Doyle ni Amelia tienen capacidad para regresar a tiempo a la nave por sus propios medios. Por lo que el robot CASE, además de ser consciente de que Amelia portaba información vital para la misión, responde a la orden de Doyle de salvarla a ella. Doyle intenta en vano regresar a la nave, y por muy poco es brutalmente arrastrado por la ola de varios kilómetros de altura. Yo lo ví como algo inevitable, si bien es cierto, que el montaje de la escena da a entender que Doyle se para a mirar en numerosas ocasiones o que no se esfuerza todo lo que debiera en avanzar hacia la nave...

En cualquier caso debo decir que no me molestó su muerte, debido a su "rol Gordon-Levitt". Me explico: espero que hayan visto Inception (Origen). Bien, en esta película el personaje de Joseph Gordon-Levitt tiene la única función de explicarle continuamente a Ariadne (al espectador) el funcionamiento del mundo de los sueños. Da igual que sea una tía formada para ello, en un mundo en el que la gente acepta como cotidiano el conectarse a un aparatito para sumirte en sueños a la carta, Joseph te lo va a explicar todo con pelos y señales. En Interstellar, el personaje de Wes Bentley cumple la misma función de un modo que rechina demasiado. ¿Es coherente enseñarle principios básicos de astrofísica y relatividad a un ingeniero expiloto de la NASA? Aquí es donde Nolan mete el gambón a la plancha, precisamente en su afán por atraer (en este caso, no perder) al mayor número posible de espectadores a su secta. Todo ello a costa de quitarle solidez al personaje de Cooper, que debería haberle soltado un mamporro a Doyle cuando le explica cómo funcionan los agujeros de gusano. Lo siento por la audiencia que requiera las cosas mascadas, y me alegro de que Doyle y sus consejos prácticos de ciencia abandonen pronto la película.



Llegamos aquí al gran mensaje humanista con el que el guión de Nolan nos alecciona. Vuelven a la nave, en cuanto consiguen sobreponerse al mega tsunami y se encuentran con el cuarto astronauta en discordia, el físico Romilly, para descubrir que han pasado 23 años por el incidente en el planeta. No voy a entrar a criticar lo pancho que encuentran a Romilly, que se ha tirado solo todos esos años sin perder los anillos (el polo opuesto de lo que veremos que se ha visto afectado Matt Damon), y además goza del don  "Jordi Hurtado" de la inmortalidad. La clave la tenemos a continuación, en el momento más interpretativo de Anne Hathaway. Cooper cabreado por el fracaso que les ha llevado a perder décadas y por el mensaje rencoroso que recibe de la ya adulta y científica de la NASA Murphy, entra a debatir cuál será su siguiente movimiento. Amelia, que había ocultado que tenía una relación sentimental con el astronauta enviado al planeta "Edmunds" (su nombre), opina que deberían dirigirse a ese planeta. Cuando Cooper la acusa de ser subjetiva en su proposición, ella honestamente aboga estar movida por sus sentimientos y que estos la llevan impulsando toda la misión a tomar esta decisión. En una análisis simplista argumenta que puede que el amor sea una conexión mística con el universo: "el amor es la única cosa que somos capaces de percibir que trasciende el tiempo y el espacio".

Quedará muy bonito, incluso Hathaway nos lo transmite de forma muy convincente, pero ¿está el género de ciencia ficción, que se apoya siempre en el método científico, preparado para esta clase de reflexiones que rozan la banalidad? Creo que los que focalizaron su frustración por la ñoñería de la película se equivocaron en señalar a la relación padre-hija. Nolan quiere decirnos que el amor es una variable fundamental del universo, y es origen y escenario de una quinta dimensión perteneciente a la raza humana que nos permite alcanzar el infinito del espacio y del tiempo. Y si antes sacrificó la credibilidad del personaje de Cooper por hacer "entendible" la teoría, ahora sacrifica los dos personajes femeninos con el pretexto de esa idea. Sencillamente no me pega que dos tías con tal alta formación y preparación (científicas de la NASA), sacrifiquen la lógica, la compostura y su capacidad de actuación, quedando subyugadas a la iniciativa de "sus hombres". En este sentido Gravity sí es superior, ya que el personaje de Sandra Bullock es coherente con su entorno y "solidifica" el guión. Eso sí, pensemos en la ambición de Insterstellar y comprendamos las dificultades de presentar un guión sólido y fiel a los elementos sorpresivos y trascendentes de Nolan.

Veremos más adelante, con el "teseracto", la dimensión humana en la que entra Cooper, la profundización en esta idea y el desenlace de la trama. Y es que no todo puede ser innovación, y la entrada en el planeta Mann junto con el rescate de la hibernación criogénica a la que se había sometido el doctor Mann (Matt Damon), nos brinda uno de los clichés básicos de la ciencia ficción: la demencia espacial. Existen tres elementos malvados básicos en las historias espaciales: la raza alienígena hostil, la inteligencia artificial que se vuelve en contra del ser humano y el propio ser humano llevado a la locura  por su exposición al vacío negro entre las estrellas. Interstellar, aunque nos hace sospechar de una posible traición por parte de los robots TARS y CASE, nos da una buena ración de lo último con un brillante doctor Mann que ha caído en la versión más vil y cobarde del ser humano. Poco más que añadir a un conjunto de escenas de gran tensión muy bien llevadas, en las que Romilly muere asesinado y Cooper casi se queda degustando la inerte atmósfera de Mann a puerta gayola.

¿Poco más que añadir? ¿Seguro? Preguntémonos: ¿Está justificada la reacción del Dr. Mann? Pues si lo analizamos detenidamente, no mucho. Resulta que el científico más brillante de la Tierra se presenta voluntario para una misión de reconocimiento sin retorno a un planeta desconocido y, una vez metido en vereda y atormentado por la soledad, resulta que quiere aferrarse a la vida del modo que sea. Viéndose atrapado en un planeta yermo sin posibilidades para la vida (pero con una peculiar atmósfera con grandes nubes de hielo flotantes), Mann envía datos falsos de un planeta prometedor y se mete en el arcón congelador a esperar que alguien acuda a él antes de que se caduque, cual calipo de fresa. Hasta ahí, podemos comprender sus motivaciones. Pero una vez te rescatan (interesante reacción la que tiene al volver a tener contacto humano, no como el sinsangre de Romilly), ¿qué necesidad había de continuar tú sólo la misión matándo a todos los demás, y perdiendo recursos importantes? ¿No podía simplemente decir "chavales he mentido, quería vivir, ¿lo intentamos con el último planeta? Gracias por rescatarme"? ¿Que se pensaba, que lo iban a matar por ello? Tendremos que contentarnos con pensar que el pobre Matt Damon estaba realmente tarumba, ya que tras tantos años de entrenamiento en la NASA vemos que se había olvidado de las consecuencias lógicas y devastadoras de la despresurización en el vacío.



Con la nave Endurance hecha unos zorros, y mientras Amelia y Cooper hacen balance de daños, la acción vuelve a un planeta Tierra más inhóspito aún en el que Murphy trata de descifrar la ecuación que permita los viajes espaciales de larga estancia y ocupación, la última esperanza de los que habitan en la Tierra (aunque el profesor Bran dijera en su lecho de muerte que era imposible de hallar). Creo que aquí todo el fundamento científico en el que la película dice basarse es más inconsistente que nunca: ¿realmente una ecuación es el mayor problema para evacuar una colonia humana del planeta? Veo que omitimos los medios materiales, económicos y la propia capacidad tecnológica, pero como dije antes no he venido a cuestionar esos asuntos, del mismo modo que nunca he querido cuestionarme la forma en que explota la Estrella de la Muerte.

Sí voy a cuestionar las motivaciones del hermano de Murph, el primogénito de Cooper, que está llevando la granja mientras ella investiga en la NASA. Situación: viene su hermana de visita, ve el estado de salud de su sobrino (cough gough master), y les sugiere llevárselo para que le den un tratamiento para los problemas respiratorios causados por el creciente polvo en el aire. En este momento, el majete de Tom Cooper (Casey Affleck) se convierte en un troglodita sureño radical cristiano y le entran ganas de disparar a cualquier cosa que huela a ciencia. Puedo entender que el señor Nolan se sienta incómodo con esas personas que se niegan a vacunar a sus hijos, pero esta no era la mejor forma de criticar a determinados colectivos que no han sido agraciados con el pensamiento lógico. No encuentro coherente la reacción violenta de este personaje, que pasa de 0 a 100 de dar un abarazo de bienvenida a su hermana, a echarla de su casa, amenazarla y agredir a su medio-churri que la acompaña. ¿Por intentar salvarle la vida a su hijo? Vale, el colega ha perdido a un padre que le dejó tirado por irse al espacio y ha enterrado a su mujer por tos polvorienta, pero ¿es motivo suficiente para que una persona rehuse de la medicina como único medio para salvar o alargar la vida de su hijo enfermo? Era necesario crear un conflicto, sí, pero no se lo han currado y es uno de los defectos más grandes que se pueden atribuir a esta película, y no la supuesta verosimilitud científica. La tensión acumulativa tan propia de Nolan, que tan fínamente hila y encaja cual mecanismo de relojería en Origen o en la trilogía del Caballero Oscuro, aquí me resulta cómica hasta cierto punto: "¡Distrae a mi hermano, que está enajenado con la ciencia, que tengo que comunicarme en morse con mi padre a través de esta estantería!"

Sí, no puedo sino relamerme de forma agridulce con esta conclusión del film. La nave está cascada, y para que lleguen al último planeta deben soltar lastre. Pues alah, Cooper y uno de los robots, se eyectan hacia el agujero negro. Ojo, no podían ser los dos robots, no sea que Cooper y Amelia acabaran follando y perpetuando la especia de forma natural... No, tenía que irse Cooper. Y ahí estamos, el viaje trascendental que iba a explicar el origen y significado del portal interestelar que se había creado para salvar a la humanidad, resulta ser... Una sección infinita de muebles de dormito de Ikea.

Cooper se encuentra flotando en una red infinita de puertas temporales a la habitación de Murph (o al menos ese gran pasillo coincide con esa posición). Al ser consciente de ello y de que el robot que le acompaña ha descubierto la ecuación de Brand al contactar con el agujero negro (cogidito todo con pinzas de arrancarse los pelos de la napia), Cooper intenta histéricamente de contactar con Murphy. Damos así explicación a las manifestaciones del "fantasma", que la niña le hubiera oído decir que se iba a quedar, y cómo se había indicado a sí mismo la situación de la base de la NASA en el pasado. Y finalmente, se encuentra cara a cara con la Murphy adulta del presente, con la que consigue interactuar para enviarle la ecuación. ¡Eureka! Ella perdona a su padre y se ponen manos a la obra para escapar del planeta. Sí, uno de los grandes interrogantes del conocimiento, la llamada ecuación de Brand, se pasa vía morse en cuestión de segundos. Con dos cojones, ni Whatsapp ni ostias.

No analizo mucho más, de lo que ya resumí de la película en la sinopsis. Un final medio abierto, ya que no hay mucho más que contar. Cooper reaparece mágicamente para ser recogido por la colonia humana que viaja hacia el nuevo planeta. Reencuentro con Murph anciana en el lecho de muerte, despedida, y Cooper roba una nave para adelantarse en busca de Amelia, seguramente con mi reflexión de por qué no se quedó con ella haciendo niños de forma perpetua en el planeta de Edmunds.


CONCLUSIONES

Bien. Aunque pueda parecer que he acabado siendo muy criticón y negativo con la película, pera mí el resultado global es positivo. Partamos de que es una película ambiciosa, de hecho tan ambiciosa que resulta muy difícil sostenerla sin recurrir a determinadas inconsistencias. Estas inconsistencias son lo suficientemente grandes para enervar a algunos fanáticos, por un lado de la ciencia ficción, y por otro del propio Nolan, más si cabe en los fanáticos de ambos. Por otro lado, para los entusiastas de la película que intentemos ser un poco objetivos, estas trabas impiden que hablemos de una película redonda.


Nolan ha pretendido romper los pilares básicos del género, que por lo general abordan un escenario desalentador y negativo en el sentido de nuestra insignificancia ante lo desconocido. Insterstellar, por su parte, se apoya en los siguientes principios dando lugar a una lectura en contracorriente:
  • El planeta Tierra es único y maravilloso.
  • La humanidad de principios de siglo XXI ha terminado de destruir el preciado regalo que es nuestro planeta.
  • Para lo bueno y lo malo, la sociedad superviviente reniega de los que han cometido esa atrocidad. Para lo bueno, porque se basan en la sostenibilidad y el equilibrio; para lo malo, porque rehusan de la investigación científica.
  • El ser humano es único y maravilloso, y si se vuelca en la ciencia, no tendrá límites.
  • El amor es la quinta dimensión del universo.
En este universo, en el que Nolan vuelve a jugar con el paso del tiempo (como ya hizo en Memento y Origen), la humanidad es infinita en existencia y conocimiento, consigue atar la variable temporal a su antojo para salvarse a sí misma. Resulta que los elementos desconocidos y desconcertantes que se van introduciendo a lo largo de la película acaban por ser una manifestación de ese ser humano futuro pentadimensional o el propio Cooper que ha trascendido a ese nivel casi incomprensible y se manifiesta en el pasado (tocando a Amelia cuando viajan en el tiempo o a través del armario con Murph).

El caso es que, con la intencionalidad de mostrar un universo humano que resulta positivo en última instancia puesto que no perecemos, sino que trascendemos a un nuevo plano, resulta paralelamente muy muy descorazaonador: estamos solos. No hay, pues, elemento desconocido. 2001 tenía el monolito, Contact o Encuentros en la tercera fase tenían una raza alienígena infinitamente más avanzada en comprensión y tecnología que nos iban a tutelar, miles de películas nos han hablado de alienígenas semi-dioses que llegan aquí para destruirnos, incluso el universo de Guardianes de la Galaxia tiene un origen y un pasado desconocido entre las miles de razas y culturas que lo habitan. Otras películas, como Misión a Marte, Gravity, Sunshine, Planeta Rojo, etc., hablaban de la superación del ser humano para sobrevivir contra una adversidad extraplanetaria.
No llegaban a reflexiones tan amplias; no tenían, a fin de cuentas, la pretensión de ser trascendentales. Pero lo que Cooper descubre en Insterstellar es que somos nosotros mismos los que marcamos nuestro destino y que no hay ninguna fuerza más grande que nosotros mismos. Un antropocentrismo radical que le resta sentido a la cosmovisión típica de la ciencia ficción.

Sin embargo, en esencia, lo más recurrente en la ciencia ficción es nuestra predilección a ser el ombligo del universo. Los alienígenas siempre vienen a destruir la Tierra (ejem... perdón, a EE.UU.), a abducirnos, a ser testigos de revelaciones cósmicas... Insterstellar viene a alimentar el ego más arraigadamente programado en en nuestro cerebro y en nuestra naturaleza: la conquista total de nuestro entorno. Si en este viaje podemos soñar con visitar otros mundos a bordo de naves extremadamente avanzadas y robots humoristas "full equiped", ¿qué más podemos pedir los que miramos hacia las estrellas mientras nos sentimos la cosa más pequeñita del universo?


miércoles, 11 de febrero de 2015

[HATE] La Gran Oficina Española


8 y 26 de la mañana. Te plantas en tu puesto, en tu silla, ese rincón de espacio-tiempo que te absorbe la mayor parte de las horas de tu semana. Llegas antes del horario habitual del toque de queda, con un sentimiento rancio de honradez, para equilibrar esos pequeños "permisos" para ir al médico, burrocracia o arreglar alguna puta mierda del banco. Enciendes tu cacharro para empezar a estampar tu password sobre el teclado, y sin previo aviso se oye un eco en la oficina medio desierta. Un silbido chispeante acompañado del inconfundible sonido del borboteo contra el aluminio. Hago "schaaass" y aparezco a tu lado. Correcto: una lata de coca-cola a las ocho y media de la mañana. Algún patán decidió que ese era el mejor desayuno para soportar la precariedad de su existencia. Y piensas "¿cómo hemos llegado a esto, joder?", y la mente te hace catacrocker y te desvela una reflexión sociológica sobre la fauna y el comportamiento de los homínidos que poblamos la Gran Oficina Española.



Sí, lectores inexistes y aves rapaces, soy uno de esos. Tengo un empleo. Una de esas situaciones antropológicas que nuestro demente mundo nos ha llevado a señalar como "privilegiada". Lo noto en algunas miradas cuando me meto la camisa por dentro, o cuando pago con tickets restaurantes esa parte del sueldo que tratamos en balde de esquivar a hacienda (sí, haciendasomostodos, esa hacienda). A diferencia de otros especímenes, no creo que el camino que me ha llevado a mi actual trabajo haya sido fruto de una pasión y unos dones especiales, no creo ser más ni menos listo que otros, pero tuve la "suerte" de estar en el lugar apropiado en el momento oportuno. El salario, que para muchos de más edad sería irrosorio e insultante, supera mis umbrales de la dignidad y para la gente de mi generación seguramente sea frustrantemente utópico y hasta tristemente inalcanzable. Sin entrar en detalles de lo que considero digno, porque ahí ya entraríamos en las prioridades de cada uno y en lo que supone la independencia y sus consecuentes gastos, me ciño al tema que toca: el trabajo administrativo [guión] informática [guión] oficinas en general.

Vamos a empezar con un tema preocupante: ¿está justificado que se critique y se señale de pijismo, esnobismo o pretenciosidad a la clase media trabajadora de oficina? No miremos los sueldos, porque ahora mismo el rango de edad define estatus sociales claramente diferentes. Trato de justificar ese desprecio que siente quien no tiene nada, más allá de la lógica frustración, cuando se cruza con quien todavía carga con una hipoteca y la letra de un coche mientras se toma una cerveza en una terraza que el que mira no se podría permitir. ¿Está justificado o es el argumento perfecto de esos casposos que dicen "lo que tienen es envidia"? Pues es jodidamente difícil hacer generalidades. Mi experiencia me dice que hay mucha gente que pasa de los 35 que es completamente ignorante e indiferente ante la evidente carencia de oportunidades de los nacidos en los 80-90, y una vez que comparten oficina, tampoco quieren ver la evidente trinchera que los separa en temas de salario, condiciones y dignidad. Hay que diferenciar entre el que va a lo suyo y no le importa aunque lo comprende, y el que deliberadamente se autoengaña con el pensamiento de "es que ellos no se han esforzado lo mismo que yo, que además soy mucho más inteligente", y encima desprecian y se cachondean del becario o subcontratado de turno. El mayor triunfo del capitalismo y la caspa es la existencia de los payasos del segundo tipo, que se vanaglorian en su propio ego, mientra le expolian y le arrebatan su propio futuro. La maravillosa, y a la vez ominosa, clase media casposa.


Todos estos empleados, funcionarios, medios mandos, jefecillos, que eligen no tomar parte en "los problemas que les son ajenos", y aquellos que, aunque conscientes de la situación y reinvindicadores ocasionales, una jornada completa con hijos y la vida cotidiana les imposibilita una consciencia y conciencia activa. Todos, o casi todos ellos, presentan una serie de comportamiento peculiares, a veces prepotentes, a veces inconscientes, fundado en su rol de clase media, en la psicología social y en la filosofía contemporánea del trabajo en España. Aunque puede que esté equivocado, puede que el ser humano en general sea un gilipollas redomado que en determinadas condiciones no puede evitar un determinado tipo de comportamiento. Yo quiero pensar que todo tiene que ver con la realidad social del momento en el que te ha tocado vivir. Para bien o para mal, mi generación ha crecido con grandes comodidades pero en el camino se ha encontrado con que nadie quiere seguir compartiendo el pan con nosotros, hemos sido abandonados a la codicia que la "Transición" ha gestado y que ahora nos ahoga con toda la fuerza que nuestros padres les han permitido.

A lo que venía. Voy a exponer una serie de situaciones rocambolescas, extrañas, violentas y a veces hilarantes, que por experiencias propias o compartidas se pueden dar en la oficina española.


TRANSMISIÓN DEL HIJOPUTISMO

"A ver si usamos la cabeza y pensamos un poquito las cosas, porque esto es una mierda, y es por tu culpa".


Me encuentro en lugares oscuros. Estoy subcontratado por una empresa, a través de una consultora, cuyo cliente principal es una empresa que trabaja para otra empresa que pertenece al Grupo Santander. Háganse una idea de la parte de mi sueldo que se quedan intermediarios (luego decimos de los funcionarios, pero menudo sector privado de vergüenza). El caso es que la filosofía del Santander (the Botin's ideological motherfucker philosophy), es la de presionar hasta los cimientos al que tienes a tu cargo. Exigir y exprimir moral y mentalmente aunque los resultados ya sean buenos. Para ellos, la única forma de obtener resultados de los recursos es hijoputeando hasta la médula. Pues esta filosofía es capaz de saltar todas la barreras y empresas antes mencionadas, para aplicarse a todos los niveles de trabajo, y mantener esa tensión constante. La filosofía de "los 5.000 millones de beneficios son un fracaso, porque esperábamos 8.000". Todo esto lleva a mi responsable a putearme, porque su jefa la putea, a la que su jefe putea, porque su jefe le está puteando con una cosa. La transmisión y gestión del conocimiento queda relegada a la transmisión vertical de hijoputismo.


POSTUREO HORAS/TRABAJO

"¿Has recibido el correo que te envié anoche?"

El punto clave de la empresa española: "yo hago más horas que el jefe". Ignorante de mí, hace un tiempo pensaba que era un tema superado, pero no. Es lo más enfermamente arraigado que tenemos en la sociedad. Un cáncer despreciable heredado del despotismo franquista que prevalece. Enhorabuena a aquellos que llegan media hora antes y se van para apagar las luces; tu familia te está agradecida porque lleves pan y no les prestes la menor atención; enhorabuena por aspirar a ser como esos perros leales que esperan con la patita levantada para obtener una chuchería a modo de recompensa, un mero reconocimiento a modo de palmada en la espalda; enhorabuena por no tener tiempo para pensar, para ser consciente de las circunstancias, para informarte: es el fin que pretendían, les complaces. Nada más que decir.


BOÑIGAS DE ATÚN CON CONSERVANTE E102

"Yo es que no tengo tiempo para cocinar".

No voy a poner en duda las circunstancias personales de cada cual, incluso respeto quien decide dedicar su excaso tiempo libre en otras actividades que les satisfagan más (si se trata de una temporada puntual). Pero no, demasiada gente lo utiliza de excusa para no cocinar por comodidad. Enhorabuena una vez más, por sacrificar no sólo las horas de tu vida y tu salud mental y anímica cada día en una oficina, sino también tu salud física y un extra de tu dinero (comer fuera en España a diario no es todo lo barato que cabría esperar).
Un ejemplo extremo, unido al del postureo de las horas interminables y rol de jefecillo, es el que ponía al inicio de esta entrada. ¿Qué clase de vida pretendes llevar desayunando con Coca-Cola y alimentándote a base de sandwiches? ¿Eres más profesional por no salir media hora a comer o calentarte un tupper? Yo te lo digo: eres un gilipollas que tienes muy poco respeto por tu vida y tu dignidad.

No entraré a la experiencia de comer fuera, porque volveré a mi lucha particular en contra de la gente de "es que eso a mí no me gusta". Poco tiene que ver con la oficina en sí, pero sí más con unas generaciones que han ido alejándose progresivamente de la humildad (que a fin de cuentas es una de las cosas que más me atormenta).





LA EXTENDIDA AUSENCIA DE TOMA DE DECISIONES

"Te pagamos para no tener que decidir esas cosas".

Soy un gran crítico del alto funcionariado de nuestra administración pública. Los funcionarios puestos a dedo por los partidos y los que han escalado durante tantos años y se encuentran en una posición cómoda de letargo, son el perfecto reflejo de la total falta de profesionalización de puestos claves, vitales en la toma de decisiones que pueden poner en marcha el trabajo real, el trabajo evolutivo que evita costes, descontrol y obsolescencia.

Pues bien, veo que en las "grandes familias" del sector privado, nos topamos también con altos cargos con gran carga de incompetencia y ausencia de preparación para el puesto (falta de conocimientos, aptitudes y actitudes). Sin embargo, el letargo y la comodidad en un puesto de responsabilidad es menos frecuente en el mundo privado, y es lo que nos da una explicación del "hijoputismo" y del postureo anteriormente citados. Aquí entran los excesos: en comportamiento (o falta de él), en el número desmedido de horas, el control y la desconfianza en tus subalternos, laureo patrocinado de cada pequeño acierto... En resumen: toda una serie de parches con los que se evita afrontar las carencias individuales para el mando, y desemboca en la ausencia de toma de decisiones por inseguridad y desinformación.

Es sorprendente la cantidad de gente con puestazos que, en pos de proteger su posición y sus beneficios, su principal función en la empresa es fortalecer la burbuja que los protege de su incompetencia. No sólo juegan con el correcto funcionamiento de los equipos, y por tanto, de los objetivos corporativos, sino con el futuro profesional de toda la gente de la que eluden afrontar con liderazgo.

Esta gente, no sólo espera, sino que exije que su equipo se sepa organizar y les saque las castañas del fuego. Se ausentan de la toma de decisiones para planificar y poner orden en asuntos de su competencia, y luego ponen el grito en el cielo porque la situación es insostenible.

Podréis ver a estos personajes conduciendo coches de alta gama con desdén y prepotencia.


CONFRONTACIÓN HORIZONTAL

"Yo no me voy a comer marrones por tí".

Quiero creer que no es un caso mayoritario, pero el hijoputismo no llueve siempre del cielo. A veces se sienta a tu lado, te comenta su fin de semana durante el café o te dice, con altas dosis de falsedad, lo bonita que es o deja de ser tu camisa. No olviden que el buen hacer y la ingenuidad son motivo de despido en España. Entrar en una oficina estándar suele obligarte a trascender tu personalidad hacia un rincón oscuro del cerebro, el de la supervivencia en la jungla. Más le vale al pollito convertirse en pantera, o acabará troceado en una hamburguesa del Burriking.

Destacar demasiado pronto, pisar involuntariamente el terreno de otros o simplemente cuestionarse fallos organizativos que desemboquen en arduo trabajo interno, son el detonador para que las fieras saquen las uñas... o los cuchillo de Lobezno. Los trepas son los antecesores de los altos cargos, y su voracidad nunca permitirá que las personas que se dedican al trabajo, asciendan.

En mi experiencia directa, he tenido la suerte de trabajar siempre con personas razonables e interesadas en realizar su trabajo y que el ambiente sea lo más ameno posible. Al fin y al cabo, compartiremos con ellos muchas más horas a lo largo del año que con nuestras familias.


FALTAS DE RESPETO Y LA POSTURA MODERADA (EL "YO TRAGO")

"No voy a decir nada por que me puedo meter en un lío". "Sé que eso me corresponde por convenio, pero si lo pides, quedas mal". "Me quedé hasta las 9 para terminar una cosa, sé que no se paga, pero está mal visto si no lo haces".

¿En qué universo puede hacerse respetar esa actitud? Pues hoy en día, demasiada gente. En una situación como la actual, en la que hasta los que tienen fácil moverse en el mercado laboral (ingenieros e informáticos) temen perder su puesto de trabajo, todos tragamos, y mucho. Ciertos elementos intermedios sociópatas conocen esta situación de poder, y no dudan en utilizar humillaciones y faltas de respeto, con total impunidad. El acoso psicológico está a la orden del día, así que desempeñar un trabajo gratificante y de calidad en este país se antoja paradójico. Algunos de estos jefes sociópatas casposos y gañanes creen que estos excesos van implícitos en el sueldo.

No puedo criticar por tanto la decisión de tragar, ya que las situaciones personales de cada uno son vinculantes, y no contamos con un apoyo real de sindicatos. Insisto, es mi opinión.


EPÍLOGO

Repito: esta es mi posición subjetiva sobre el tema. Desde que empecé a escribir esta entrada hasta que la estoy terminando, mi situación laboral ha empeorado, a la par que ha aumentado mi descontento. Por tanto como entenderéis, añadido mi, ya de por sí, actitud pesimista sobre el futuro, no me estimula acudir sonriente y complaciente a mi diario tormento. Es difícil, además, empatizar con compañeros que no tienen tu perfil profesional. Si la empresa o el proyecto se va a la mierda, ellos encontrarán algo, yo no. Y me supondría reestructurar mi vida, y adaptarme a la nada. Y para eso hay que sacrificar mucho, y no me refiero a bienes materiales.

Veo el funesto panorama que tiene mi generación para salir adelante. Las consecuencias de negarles la dignidad (trabajo, vivienda y la posibilidad de crear una familia) a varias generaciones, van a ser insostenibles para este país, seguramente para Europa entera. Nos encontramos en el final de una etapa de la sociedad humana, y no me vale con confiar en que las cosas mejoren, si bien no sé a quien beneficia que me atormente por la perspectiva agorera que nos aguarda.

Me despido con una reflexión sobre estos años perdidos en la oficina: Trabajar indirectamente para un banco me ha proporcionado una nómina, pero también un asiento en el palco privado del infierno.