martes, 7 de agosto de 2012

[HATE] Sobre 'Curiosity' y el sentido de la ciencia


Dejen, mis lectores inexistentes, de pensar en unos minutos. Olvídense de tweets, noticias, blogs, correos y/o cualquier otro proyecto personal que tengan en la pantalla del ordenador.

¿Mente en blanco? Bien, ahora miren a las estrellas. Vuelvan a la última vez que miraron al cielo de noche, en concreto la última en la que hayan podido maravillarse de las vistas, por encontrarse en un lugar alejado de la contaminación lumínica. Sepan o no localizar Marte, piensen en él. Ese puntito rojo, que es más brillante que la media de objetos celestes. Ahora piensen en sus montañas, cráteres y cañones oxidados, y cómo esa luz se refleja hasta llegar a nosotros en diez minutos con ese tono rojizo. Piensen que allí, en este preciso momento, hay un robot del tamaño de un todoterreno moviéndose en esa superficie; y que este prodigio de la ingeniería humana nos envía datos, sonidos e imágenes de lo que hay en ese desierto. Imágenes que nos permiten teletransportarnos a ese mundo. Hemos llegado a ese puntito rojo, a ese pequeño paraje del universo que tantos hombres y mujeres sólo pudieron señalar y tratar de imaginar lo que era, o lo que allí pasaba.


Aún teniéndolo tan claro en mi mente, a veces pierdo la perspectiva de esta realidad, por su magnificencia. Un proyecto de tal envergadura: enviar un vehículo de una tonelada a más de 567 millones de km. dentro de una cápsula proyectada por un supermisil, hacerlo atravesar la atmósfera marciana a 1.600ºC con una velocidad 21.000 km/h, frenarlo con el mayor paracaídas jamás creado para que una nave se despliegue, planee sobre la superficie, y deposite el vehículo con la precisión y suavidad con la que aterriza un helicóptero... 20 minutos después, llegaba un mensaje a la Tierra del jeep robot: "Curiosity operativo". Datos adjuntos 6 imágenes de lo que está viendo. Una de ellas, su sombra proyectada sobre un suelo de arena y rocas. La climatología es favorable. Comienza a avanzar con sus 6 ruedas. Su brazo mecánico examinará materiales con tecnología en tres dimensiones.





Es fascinante, es apasionante, es un hito, es... ¿Una tontería? ¿Un gasto de tiempo y dinero? ¿Una chorrada?

Tontería, chorrada, irrelevante, gasto innecesario con la que está cayendo. Esas son algunos resúmenes simplistas que rondan por la red, en relación al éxito de la misión 'Curiosity' de la NASA, y quizás se acentúa y se generaliza mucho la opinión del "gasto de dinero".

Bien, llegados a este punto, y desde el respeto hacia todas las opiniones, me gustaría hacer una análisis más profundo de los hechos. A mi entender, no nos encontramos con unos fuegos de artificio de feria y ya no se trata de satisfacer los egos nacionales de una carrera espacial. No hay mejor nombre que 'Curiosity' para definir la base que mueve a la actual NASA. La curiosidad. Pura. Sincera. Sin pretensiones. No sabemos nada de nada, no alcanzamos a entender el motor que mueve el universo, ni su origen. No tenemos respuestas. Y es el fin de nuestra existencia, el fin de las consciencia es el de obtener respuestas.
Cientos de religiones han tratado de darnos una razón de ser, por nuestra necesidad de saber. Durante muchas generaciones nos bastó con saber (con creer), y ahora es el momento de entender.


Sin embargo, el debate más directo parece simplificarse en: "hay que quitarle el dinero a la NASA, y dárselo a los afectados por la crisis". Aún creyendo que donando las recortadas subvenciones de la NASA, se podría solucionar el problema económico global al que se enfrenta la humanidad, ¿realmente qué nos aporta eso? Algún despistado dirá: "cortemos la inversión en ciencia ahora, y ya volveremos a investigar cuando haya dinero". Pero es que este no es un mero problema económico, el dinero no va a salir del culo de nadie. El problema es sociológico, y es más grave de lo que la mayoría está dispuesta a aceptar. ¿Realmente en qué medida sería positivos los 1.193 millones de dólares de presupuesto para la NASA en 2013? ¿Cuanto se quedaría en el camino de la burocracia, los chorizos y los arrimados, y cuanto llegaría a un comedor social?

Teniendo en cuenta que el rescate a un país de 2ª como España supone 100.000 millones de euros, que la gente de la NASA consiga el hito (sí: HITO) de 'Curiosity' con su presupuesto, es encomiable. Recordemos que los transboradores norteamericanos han sido dados de baja, y las misiones tripuladas a la EEI corren a cargo de la Soyuz rusa.


Pero vuelvo por donde empecé: ¿Cuál es la razón de nuestra existencia? ¿Autocomplacernos sin más, como especie? Una cualidad bastante detestable de algunos seres humanos es la de calificar de inútil un esfuerzo que no devuelve beneficios a corto plazo. No creo que nadie que defienda la exploración espacial espere encontrar una revelación universal de aquí a 50 años, ni mucho menos. Lo que tenemos que hacer es contruir el camino, ofrecer los medios, ladrillo a ladrillo para llegar al otro lado. Hay que intentarlo, tan sólo por el potencial que algo superior, o el azar, han depositado en nosotros. Nuestro objetivo debe ser entender, al igual que el hombre que tras muchos viajes dejó la cueva y la caza, y construyó y cultivó. Es ilógico hacer críticas a la NASA o a 'Curiosity', porque son nuestro principal puente al entendimiento de nuestra razón de ser, si es que la hay.

Obviamente, el gran reto al que nos enfretamos hoy en día es a nosotros mismos. Si el desenlace de esta crisis, como sociedad, como especie, resulta trágico, que nadie nos valore por no haberlo intentado, al menos. Intentado entender.

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(1) Recomiendo esta pequeña lectura: http://www.lettersofnote.com/2012/08/why-explore-space.html
Se trata de una carta de 1970 del Dr. Ernst Stuhlinger (director asociado de la NASA), en constestación a una monja que trabajaba en Zambia, que le había preguntado cómo se podía gastar tanto dinero en la investigación espacial habiendo tantos niños muriendo de hambre en el mundo. En esta carta, el Dr. Stuhlinger trata de explicarle las razones para gastar dinero en viajes como el de Marte. 

(2) Recomiendo también esta otra lectura, posteada por Rubén Díaz Caviedes en Jot Down, y en que la que ha explicado, bastante mejor y con mayor ironía, lo que aquí quería decir: http://www.jotdown.es/2012/08/ruben-diaz-caviedes-marte-espanol/

lunes, 30 de julio de 2012

[LOVE] El Bruce Wayne de Nolan

* Aviso de Spoiler (Recomiendo haber visto la trilogía de Batman de Christopher Nolan).

Si habría que resaltar algo del cine comercial (las películas que abogan por ser superventas) de lo que llevamos de siglo, yo señalaría a este nuevo genero: el de los superhéroes y la búsqueda de lo épico.

Esta obsesión por rescatar a los superhéroes, y descubrir a aquellos menos conocidos por el público general pero encunmbrados por la cultura freak (las llamadas obras de culto), comenzaría con X-Men. Dirigida por el prometedor Bryan Singer (Sospechosos Habituales) supuso un cambio en la forma de mostrar al héroe, su historia, la historia que nos cuentan y... al villano. Ya no se trata del bien contra el mal, y de las cosas chulas que pueden hacer los buenos y los malos. La fiesta siguió con Spiderman, y Hollywood se rifaba los derechos de los personajes del caldo del cultivo del cómic: Marvel y DC. A las dignas primeras partes de X-Men y Spiderman le siguieron secuelas muy lejos de la dignidad, y les siguieron Hulk, Daredevil, Superman, Catwoman, The Punisher, Los 4 Fantásticos, Linterna Verde y la titánica saga de Los Vengadores (Capitán América, Ironman, Thor, otra vez Hulk...).


Pero dejando a un lado a los héroes de cómic, el fallido regreso de 'Star Wars' y el brutal éxito de la adaptación 'El Señor de los Anillos' o 'Harry Potter' ha alimentado otra obsesión: la épica fantástica y la épica a secas. Y esta obsesión no se ha limitado a la adaptación de libros y cómics independientes. Parece que ahora una película con un mínimo de acción no puede alcanzar el éxtasis sin una escena de cámara lenta bajo lluvia o nieve, o sin que haya una batalla a puño o espada, afectando hasta el criterio del propio Tim Burton con esa vacía 'Alicia en el País de las Maravillas'. Las Narnias, los Eragorns, las Caperucitas, las Blancanieves... Así es como se acaban reescribiendo cuentos populares (otro nuevo subgénero). Pero entre las desafortunadas secuelas, los estrepitosos fracasos y otros experimentos de dudosa naturaleza, se pueden salvar excepciones de películas que han sabido dar el tipo como adaptación de un cómic. Reinventar lo que ya está hecho parece ser el patrón actual. Pero no he venido aquí y ahora a hablar de estas enfermas tendencias hollywoodienses.


Entre tantos exceso gratuitos, un hombre (creo) encontró el equilibrio entre el héroe de cómic y la épica mediante un nuevo lenguaje de acción. Era otra película de Batman... ¿Batman? ¿Más Batman? Recordar a George Clooney con esa armadura vampírica con los pezones marcados aún me revuelve el estómago. Pero hablaban. Oh sí, hablaban y decían cosas bonicas sobre este nuevo Batman, el Batman de Nolan y Bale. Que era oscuro, pero no del tipo oscuro fantasioso de Burton, sino oscuro oscuro. Y vaya, Batman Begins también supuso un nuevo subgénero dentro del género: el de explorar los orígenes del mito.

Quizás lo que más me impactó, de primera, fue el reparto de oro de secundarios: Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Cillian Murphy, Tom Wilkinson y... Liam Neeson. Sólo por Liam, una película ya merece la pena, pero seamos objetivos. Joder, qué bien llevado ese origen hasta el momento en el que la sombra del mafioso Falcone iluma el cielo de Gotham. Se respetaba y se mimaba al Batman original de la nueva hornada de cómics de Frank Miller, pero con una historia propia para el cine. Era más que correcta.

Luego llegó 'El Caballero Oscuro', y creo que el objetivo principal fue dar verosimilitud al escenario. Ya no hablamos de profundizar en el héroe y el villano, sino de introducirlos en un escenario más próximo a la realidad. Batman no sólo tiene que preocuparse por el malo, sino del sistema (con sus corrupciones, sus opiniones públicas y sus conflictos de intereses). Y el malo lo sabe, y lo usa en su contra. Todo ello acompañado de un estado de tensión continuo (vaya banda sonora) acicalado con intensas escenas de acción. Esa es la razón por la que el nuevo Joker funcionaba y sorprendía en cada una de sus apariciones. Ni siquiera Nolan podría haber previsto una interpretación semejante de Heath Ledger, pero lo que si sabía es que el que generaría controversia entre público era el Joker. Cada vez qué aparecía, volvían dos preguntas a la cabeza (¿Cómo? y ¿Por qué?). La explicación del porqué apenas se clarificaba y el cómo (el origen de esa mente enferma) nunca se llegó a explicar. Eso, y su no eliminación, me daba esperanzas de saber más en el cierre de la trilogía.


Pero Heath Ledger murió. Y dando por seguro que Nolan iba a volver a usar el comodín del Joker, he valorado mucho que no decidiera seguir con el plan A,sustituyendo a Ledger por otro. Nolan tomó el plan B, y decidió rescatar a Liam (aplausos). Sí, en la tercera entrega vuelve la Liga de las Sombras, algo que creo que sí pertenecía al plan A. Aquí es cuando empiezo con mi teoría: El Joker habría tenido una relación con la Liga de las Sombras, dando a conocer sus tormentosos orígenes. Bane (un villano muy decente, que creo que está siendo excesivamente criticado) habría sido necesario para liberar a Joker (y de paso al Espantapájaros). Ergo el lógico sustituto de Joker, parece acabar siendo el personaje de Marion Cotillard, con su revelación sorpresa final en la película.


La película me ha gustado mucho, pero he denotado una serie de detallitos que me han decepcionado.

1) Digamos que en 'El Caballero Oscuro' había abierto una visión más internacional y realista del escenario creado. Que un chino se ponía chulo, el puto Batman le perseguía hasta Hong Kong y le cazaba. En Dark Night Rises se encierran por banda en Gotham (NY), cuando Bane, tomando el control de Wall Street lo único que hace es quitarle el dinero a Bruce Wayne. ¿Perdón? Puedes poner el mundo patas arribas controlando la bolsa internacional y ¿sólo arruinas a un multimillonario por despecho? ¿Acaso no era el objetivo de la Liga de las Sombras, sembrar el caos para purgar a la humanidad? ¿Por qué esa obsesión por Gotham? ¿Por qué? Perdemos la lógica, en pos del tópico del villano, y reducimos todo a esa ciudad. No lo acabo de entender.

2) Cuando unos cientos de policias se acercan casi desarmados a varios mercenarios con armas automáticas colocados en posiciones superiores, ¿por qué demonios iban a acribillarles a balazos, pudiendo correr hacia ellos y liarse a mamporros? Lo curioso es que esa escena me ha recordado a la recurrente batalla medieval que usan en todas las películas fantásticas de ahora. Braveheart y los elfos hicieron mucho daño.

3) ¿Morgan Freeman (Fox) no se había enfadado con Bruce en la segunda? Aquí vuelve a aparecer como si nada, rompiendo con la consecución argumental anterior. No explication over here.

4) Joseph Gordon-Levitt. Lo siento, a mí me aburre. Me resulta cargante su predisposición a todo. Desde luego cumple con la expectativas de putita que tiene el personaje de Robin, a modo de mofa. Me sobra. Mucho mejor la incorporación de Hathaway.


5) Como dije antes, falta Joker. Aunque me contentó la breve aparición de Liam.

6) Una serie de tópicos tipo Jungla de Cristal: Una bomba nuclear (vamos, no me jodas), el previsible final (en cuanto a lo que Bruce Wayne se refiere), soy el bueno y me las follo a todas, o la ridícula muerte del malo.

7) Siguiendo con la razón nº 1, los malos carecen de un verdadero fin, más allá de la ¿venganza?

Disculpen la simplicidad del análisis de esta entrada.

lunes, 28 de mayo de 2012

[LOVE] Entre el cielo y Baltimore


Siempre me he considerado un "sopranista". Una persona con la fuerte convicción de haber encontrado en Los Soprano la producción televisiva definitiva. El drama interior shakespeariano de Tony Soprano, el estereotipo del italoamericano marrullero que refleja Paulie, ese Silvio parafraseando a Al Pacino, la falsa redención de Tony B., las reflexiones filosóficas (y desvarios alucinógenos) del sentido de la vida y de la muerte...


Sí. Con Los Soprano pusieron toda la pasión en el asador. Muchos productos televisivos merecen una apreciación especial. Desde grandes clásicos como Twin Peaks o Expediente X, hasta A dos metro bajo tierra, pasándo por El Ala Oeste de la Casablanca, Dexter, y llegando a las producciones de la HBO. La joya de la corona de las series, que últimamente nos brinda con uno de los mejores ejercicios de adaptación: Juego de Tronos.

Como decía, soy un sopranista. O lo era, ya no lo sé. El caso es que en mi vida se cruzó primero el bueno de Anthony Soprano, pero luego... Luego llegó McNulty. Y, detrás de su cuestionable trabajo policial, lentamente aprecias el absoluto genio de una obra sin precedentes. Si Los Soprano es el corazón de la HBO, sin duda, The Wire es el cerebro.

Pero... ¿Cómo definirla? ¿De qué va esta serie? ¿Es una serie policiaca? ¿Es un reflejo del narcotráfico de camellos negros y de yonkis? ¿Va acaso de política, de justicia, de estibadores portuarios? ¿Habla quizás de contrabandistas, de una crítica a la educación o del cuarto poder del periodismo?
Para contestar a estas preguntas, es necesario formular otra: ¿Quién es el protagonista en The Wire? ¿Jimmy McNulty? ¿Omar? ¿Stringer Bell? ¿Lester Freamon? ¿Tommy Carcetti? ¿Marlo?


Nuevamente no hacemos las preguntas adecuadas. Y es que no nos encontramos con una serie usual. No hablamos de tramas escritas para empezar y terminar en 40 o 50 minutos. Así que, desde mi punto de vista, erramos al definir o conceptualizar a The Wire como una serie televisiva. Cuando la ficción es mero complemento, cuando cada diálogo sólo obtiene un significado tras visionar con detalle varios capítulos (o incluso temporadas), cuando se recurre a gente de la calle en vez de actores profesionales; cuando ocurre todo esto, nos alejamos de lo que conocemos como serie. The Wire no es una serie, tampoco es ni de lejos un documental. Por su estructura, lo que tenemos es un libro. Un libro contado con imágenes y sonido, a medio camino entre la prosa y el ensayo crítico. Una lectura audiovisual con un desarrollo lineal, cuyo argumento no sigue patrones.

Por todo esto, The Wire plantea un reto para el espectador y para sus propios creadores. Para los espectadores, porque deben sudar para alcanzar a comprender y disfrutar todo el entramado de personajes y las relaciones entre ellos. Para los creadores, porque no sabían si ese tipo de espectador se iba a hacer notar dentro de la parrilla televisiva norteamericana, y si ese porcentaje iba a ofrecer cifras prometedoras para mantener la serie. La respuesta en su día, fue muy irregular. Mucha gente esperaba ver una versión afroamericana de la italoamericana The Sopranos, otros quizás esperaban ver un CSI de la costa Este, y mucha otra gente sólo entraba a mirar el escaparate para ver si les gustaba algo. Por todo esto, los comienzos fueron difíciles. Pero la HBO no acostumbra a apostar a caballo ganador. Y a pesar de la discreta respuesta de la audiencia y de las dificultades que puso el ayuntamiento de Baltimore, la HBO firmó una segunda temporada para The Wire, apostando por un caballo al que habían examinado concienzudamente y creían que merecía otra carrera. Después de esa temporada debut, la serie comenzó a salir de EE.UU., a la vez que fluía dentro de sus fronteras. Empezó a crearse esa fama del boca a boca que convierte lo meramente audiovisual en artículos de culto y clásicos generacionales. Y normalmente esa fama no sale por nada.

Cuando finalmente vemos en conjunto las 5 temporadas, es cuando uno admira la obra. ¿De dónde ha salido tanto talento? Como siempre, del trabajo de muchas personas, pero llama especialmente la atención el origen de sus creadores y guionistas: un escritor y ex-periodista del Baltimore Sun, un policía retirado que acabó dedicándose a impartir matemáticas en las aulas de la ciudad, un abogado y funcionario del ayuntamiento... Desde luego, hablamos de gente que sabe de lo que escribe.

La policía, por ejemplo. ¿Cómo hemos visto y cómo hemos seguido viendo a esas unidades de homicidios y antivicio de las fuerzas del orden estadounidenses? Los grandes clásicos de cacos y polis, Corrupción en Miami, Starsky & Hutch, Colombo, Canción triste de Hill Street... Han derivado en toda clase de historias de "bueno atrapa a malo", desde aquella lamentable serie de policias montados en bicicleta (Pacific Blue, creo), a los inumerables refritos mutados de CSI que rozan la ciencia ficción, con la que nos bombardean canales como Telecinco y Cuatro: CSI: Las Vegas, Navy: Investigación Criminal, Mentes criminales, CSI: Miami, Bones, Castle, Medium, CSI: Nueva York, Crossing Jordan, CSI: Valdemoro... Todas clones de sí mismas, cuyo argumento (y éxito) se basa más en las turbias relaciones sentimentales de sus protagonistas de ley (propias de culebrón), apoyándose con un toque de humor a tavés de un personaje excéntrico que suelta "carismáticas" frases de Sherlock Holmes. Comisarías limpias, modernas, con unos medios tecnológicos propios del CERN...

Llegados a este punto es cuando el curpulento Bunk Moreland pega un golpe sobre la mesa y pregunta a gritos "¿DÓNDE HA QUEDADO EL TRABAJO POLICIAL, JIMMY?". Sencillamente se ha perdido la costumbre de reflejar el trabajo de un policía, amigo Bunk. Por eso en ninguna de estas series verás a un detective discutiendo con los forenses para quitarse de en medio un asesinato y considerarlo muerte accidental, ni a un departamento al borde de la huelga, ni a un detective fumando un puro en la escena del crimen, ni la intromisión política en los asuntos de la policía producto de una cadena de mando corrupta. Tampoco verás en estas series una escena de la recontrucción de un crimen, en la que magistralmente sólo se usa la palabra "fuck":


En alguno momento alguien dirá: "¡Bubbles! ¡Bubbles es el protagonista de The Wire! Es como los campesinos de Kurosawa. Vemos la ciudad a través de él, que es lo más bajo de los estamentos sociales". No es una mala interpretación, pero Bubbles nunca pisa el ayuntamiento ni los grandes despachos, si bien se codea con policías, yonkis y asesinos. No. Bubbles es otro más. El que despierta más simpatía, puede ser. Yo creo que la intencionalidad de Bubbles es otra. Quizás, la de mostrarnos las barreras que levanta la droga sobra las personas que se ven relacionadas por ella, en este sistema que juega una doble moral con la ilegalidad de la droga. Unas barreras que se levantan altas, y encierra, sin posibilidades a todos los actores y estamentos que participan en él. Así tenemos a dos actores principales de la droga: Stringer Bell y Marlo, que en determinado momento se plantean escalar esas barreras y salir de ese mundo por todo lo alto. Y aunque pueden parecer muy similares, son radicalmente opuestos. Stringer Bell creía ser capaz de legalizar su negocio, de borrar su pasado y de codearse con los mueven el verdadero cotarro. Marlo se da cuenta, muy rápidamente, que su lugar es el único que ha conocido; al que realmente pertenece y encaja: la calle.
Curiosamente es el más débil, Bubbles, el que aparentemente consigue hacer emerger la fortaleza suficiente como levantar otra barrera sobre sí mismo, y escapar sin irse a ningún sitio. El mensaje es el mismo una y otra vez: el escenario es estático, y los actores se van jubilando. Siempre hay un Omar y cien Bubbles para cada Avon Barksdale.

Al margen de la calificación de serie de culto a escala mundial, para la gente de Baltimore, The Wire adquiere otro significado. Homenaje para algunos, insulto para otros, y una auténtica Biblia en los barrios del narcotráfico. Y es que gran parte de la población afroamericana alaba el acertado acercamiento a su modo de vida y, especialmente, a su lenguaje y hábitos de expresión. Según las declaraciones de un pequeño gangster de la zona, que tenía las 5 temporadas de The Wire en el DVD de su todoterreno: "Sólo en esta serie han sabido en qué momento y de qué forma un negro puede llamarle negro a otro negro". ¿Pero, cómo puede alcanzar un éxito internacional un retrato tan local, tan intimista? ¿Puede un ciudadano que no haya vivido en Baltimore entretenerse con una historia que parece "no apta para forasteros"?


Volvemos finalmente a la gran pregunta: ¿Quién es el protagonista de The Wire? Mal para quien busque un personaje. El protagonista y núcleo de esta historia es la propia ciudad de Baltimore. La ciudad de Baltimore. Con sus narcotraficantes, sus polícias, sus profesores, sus yonkis, sus putas, sus periodistas, sus ciudadanos, sus barrios, sus mil y una pequeñas historias. Funciona porque son las historias de esta y mil ciudades. Aunque sólo los ciudadanos de Baltimore puedan entender la rivalidad y los chistes entre Baltimore Este y Baltimore Oeste, el desamparo y el dolor de Bubbles cuando la droga ha consumido toda su vida es universal. Así como el callejón sin salida en el que viven Marlo, Michael, 'Bodie' o D'Angelo. Como los recortes en educación que debe hacer el ayuntamiento de Baltimore por una mala gestión anterior, como la corrupción arraigada a todos los niveles...

Porque esta es la historia de la urbe occidental de principios del siglo XXI, que bien podría haber sido Barcelona, Nápoles, Philadelphia, San Diego, Marsella o Liverpool. Ciudades en las que el valor humano está excesivamente devaluado. Ciudades donde las oportunidades de una nueva vida van desapareciendo. La melancolía y la apatía latente en la sociedad de nuestro tiempo difícilmente podría haber sido reflejada con mayor acierto.

Para la guinda final de este jugoso pastel, añadan una buena dosis de personajes carismáticos con grandes diálogos y una ficción tan bien mimetizada que nada deja de ser completamente verdad, y nada es completamente mentira. The Wire es, sencillamente, perfecta. Una estrella de talento entre el cielo y Baltimore.

miércoles, 23 de mayo de 2012

[HATE] El año que vivimos recortadamente (Parte 1)

¿Ha pasado un año? ¿De verdad? ¿Estáis seguros?

Sí. Que sí. Parece que sí. Cuan efímeros son 365 días, querido Sancho, y la de acontecimientos que pueden asaltarnos en ese periodo de tiempo, sin que el ritmo natural de las cosas cambie lo más mínimo.

Diría, más bien, que desde que un puñado de personas decidieron acampar en la Puerta de Sol el 15 de mayo de 2011, el ritmo natural de los acontecimiento ha puesto la quinta y nos ha atropellado a todos. Qué bonito fue, qué bonito continuó, y qué bonito sigue siendo el espíritu de este movimiento. Pero hago un corte drástico-reflexivo: ¿Realmente es "bonito" el adjetivo que debe llevar de la mano el 15M? ¿Para qué ha servido este intermitente año?

Cambio drástico-argumentativo: Llama loco a esta vuestra merced, Sancho, cuanto te diga que hace más de un año que vengo escuchando la COPE cada mañana, lo que me ha servido para rememorar todo lo que ha ocurrido de un 15 de mayo a otro. Y menudo año, amigo Sancho. Siéntate, y agudiza tu oído para oír este relato en primera persona:

Un alarde de vagueza y masoquismo. Así definiría los primeros minutos de mis mañanas de este último año y pico, en los que he estado a punto de degustar mi propia bilis fruto de la indignación. Han sido fases: empezó con impotencia y rabia, siguió con etapas de profundas carcajadas ante el disparate y últimamente he iniciado una fase de aceptación en la que ya me resbala habitualmente las memeces que llegan a través de la 999 KHz onda media.

Todo comenzó con aquel bombazo informativo: "El equipo de Carrusel Deportivo planta a la Cadena SER y se pasa a la COPE". Mi padre, un interesado del fútbol, cosa que sólo comparto en en su justa medida, cambió entonces la sintonización de la radio del baño. Una radio vieja, nada de presintonías. Cuál fue mi sorpresa al día siguiente, cuando acudo a mi visita rutinaria al baño para empezar el día y la cabecera, publicidad y voces habituales habían cambiado. No sólo había cambiado eso. Había cambiado el tono, el contenido y la supuesta objetividad periodística. Por aquel entonces, el discurso se centraba en descalificar al gobierno socialista y en pedir la dimisión de Zapatero.


Al día siguiente, la ruedecita de la radio, que no estaba habituada a cambios para no perder la calidad de recepción, fue objeto de la anarquía por mi parte. Me dediqué a buscar algo que me apeteciera. No me interesaba la SER, no me llamaba la atención Onda Cero, y no me atrevía a caer en los programas positivistas "humorísticos" de Europa FM o Cadena Dial. Tampoco quebranté mi norma de "los 40, jamás de los jamases". Por tanto, el resto de la semana estuve escuchando Radio 3.

Sin embargo, tras el fin de semana, la COPE volvió a mí, como las moscas a la mierda. Vuelvo al principio: llamemosle vagueza, vangancia o dejadez el no querer mantener una eterna lucha con mi padre por la radio, pero me pareció un experimento curioso tomar el rol de ese tipo de oyentes, esa España profunda susceptible de ser manipulada. Sabía que sería doloroso en cierta medida. No tanto como atarme al estilo de La Naranja Mecánica y ponerme varias horas a ver Intereconomía, pero repercusiones a mis ánimos, iba a haber.

Finales del 2010. Sí, la cosa se planteaba curiosa. Crisis, fin de legislatura... Pero nadie me había preparado para todo lo que iba a acontecer. Ha sido duro, lo reconozco. Mañanas en los que levantas la voz fruto del más profundo malestar e indignación por los rebuznos hirientes y malsonantes que se soltaban indiscriminadamente en esta emisora. En este año he escuchado faltas de todo tipo, comentarios personales manipuladores a cada titular del día y tergiversaciones manipuladoras.

15 de mayo de 2011: indiferencia y descalificación. Mofas del tipo: "estos niñatos lo que tienen que hacer es buscarse un trabajo" o "habría que lavar la puerta del Sol, así algún perroflauta aprende a ducharse". Después de la brutalidad en Barcelona, la cosa se puso más seria: "radicales de la izquierda más dura controlan el 15M y promueven la violencia sin control". El tono general antes de las elecciones: "Izquierda Unida y otros estalinistas mueven los hilos del 15M". El tono desde que Mariano gobierna : "el 15M es una herramienta más de la oposición socialista, al igual que los sindicatos". De órdago, vaya. Pero dejemos el 15M a un lado, para la segunda entrega de este post, y sigamos los acontecimientos cronológicamente.

El verano se acercaba, y ya se publicitaba el evento más importante de la historia de España. La razón de nuestra existencia y la del ornitorrinco: las magníficas JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD. A priori, el nombre me hacía pensar en un festival abierto con música, eventos culturales y actividades de todo tipo en Madrid. Pero no, eso no sería propio de ponerse en la COPE. Todo cobraba sentido: Madrid se preparaba para recibir a el Papichulo Benedicto y su horda de belivers. El especial informativo para las JMJ, por supuesto, no tenía precedente en la trayectoria de los especiales en el ámbito de las retransmisiones sectarias en directo. Hubo especial hincapié en justificar todos y cada uno de los euros empleados en la construcción de altares, despliegue de policía y personal sanitario, comida tirada de precio o servicios especiales de transporte público. Y no sólo los euros; pretendieron hacer justificaciones morales de lo que era la "buena juventud". No les salió demasiado bien, teniendo en cuenta la panda de extremistas que deambulaban por toda España con las camisetitas JMJ que les regalamos. Porque sí, amigos, aunque no lo dijo la COPE, un gran porcentaje de los supuesto adoradores de Ratzinger (curiosamente le adoran a él por encima de su fé o de Jesús), ni siquiera pisó Madrid. Se dedicaron a hacer turismo barato por toda España. Como el curioso caso de unos cristianitos voyeurs, que se dedicaban a mirar tetas en playas nudistas.
Por supuesto, desde el punto de vista de la radio preferida por la casta con caspa, las JMJ fueron un éxito y un privilegio para España.

Elecciones anticipadas: 20N. Entre el aniversario de la muerte de Franco y la victoria del PP, los bukakes y las orgías camparon a sus anchas en las redacciones de la COPE. Llegaba el cambio. El 21 de noviembre, España era una España mejor. Super Mariano nos iba a sacar a todos de la crisis. Cientos de gentiles y buenos españoles se agolpaban a las puerta de Génova para recibir un empleo de al menos 1.500 € al mes, para poder seguir pagando las casas del banco, los coches del banco, la tele 3D de 60'' del banco... En fin, optimismo. Esa es la idea que nuestros "coperos" querían instaurar en las mentes de los que les escuchaban. "No va a ser fácil, pero lo que hay que hacer como buenos españoles es apretarse el cinturón y aguantar, porque quejarse no va a servir de nada y sólo va a contribuir a empeorar la imagen de España". Traducción: "Joderos, que vais a pagar vosotros, y joderos en silencio para que toda Europa vea lo imbéciles que sois".

Qué bonita es la Navidad, sobretodo en un comedor social. Mientras tanto Rodrigo Rato se hacía manolas con billetes de 500 €, y Urdangarín usaba mondadientes de plata en Washington con un puesto de trabajo que no desempeñaba. Pero eso aún no lo sabíamos, no querían que lo supieramos, y lo que es peor, pensamos que era mejor no saberlo.

Recortando. Ba Da Bum Tsss! ¿Pero..? ¿No iban a mejorar las cosas con el PP? ¿Porque me quitan más de IRPF? ¿Por qué la universidad de mi hijo vale el doble? ¿Por qué debo pasar miedo porque me despidan para contratar a un chaval joven por la mitad? ¿Por qué sube tanto el transporte público y la gasolina? ¿Por qué me estoy viendo obligado a llevar a mi hijo a un colegio privado o concertado? ¿Por qué hay un trato tan pésimo en la sanidad pública? ¿En qué ayuda a mi situación económica que se nacionalice la fiesta del toro, se prohiba el aborto o se inicien campañas en contra de los homosexuales?
La frase tópica: disfruten de lo votado. Pero es que ni eso, la realidad es: disfruten de las mentiras que se han tragado. Por supuesto, ha habido un cambio en España. Un paso hacia atrás, y un salto global hacia el feudalismo del siglo XXI.

15 de mayo de 2012... [Próximamente en la parte 2]